martes, 16 de agosto de 2011

Buenas noticias y un vestido

            —¿Qué opinas? —me pregunta mi hermana Eli desde el probador de BCBG; está buscando un vestido para la boda de nuestra prima y la desesperación comienza a aparecer.
            ¿A quién se le ocurre dejarlo para mediados de julio, cuando no hay rebajas ni nueva temporada ni nada? Es imposible que encuentre algo medio ponible; ya la avisé pero…
            ¡Ohhhh!
—¡Es increíble! —casi grito cuando la veo—. ¡Es el vestido más maravilloso del mundo!
Es precioso, estilo bandeau en tonos nude y se ajusta con una precisión digna del más alto proyecto de ingeniería al cuerpo de mi hermana. ¡Ya quisiera la Nasa!
—No sé… —dice Eli, mirándose desde todos los ángulos posibles.
—¿Que no sabes qué? —pregunto sorprendida—. ¡Si es genial!
Es…, es…, no tengo palabras.
¡Si yo fuese vestido, sería ese vestido!
¡Soy yo hecha vestido!
—No me deja respirar del todo —dice, inspirando profundamente—. ¿Ves? Parece que va a reventar.
—¡No digas tonterías! ¿Cuántas veces piensas respirar así en la boda? —yo no respiraría ni un poquito por un vestido así; a veces no hay quien entienda a mi hermana…
Eli lo piensa detenidamente y mueve la cabeza de arriba abajo.
—Eso es verdad, si respiro despacito no hay problema —medita al tiempo que vuelve a revisar de nuevo su imagen en el espejo—. Aunque quizás una talla más…, no vaya a ser que engorde…
—Venga ya, Eli, te queda tan bien que parece hecho a medida —afirmo con rotundidad. ¿Cómo puede dudar?
—No sé, no sé…
Ya está. Decidido.
Si no se lo compra ella, me lo llevo yo. No creo que a JC le importe si le explico bien lo mucho que lo necesito.
Ya, ya sé que mi vestido para la boda lleva colgado en una percha en mi armario un mes, y que también es bonito y todo eso, pero…
¿Por qué me lo compré hace tanto tiempo? ¿Y por qué no vi este prodigio de la costura antes?
¿Por qué, por amor de Dios?
—Vale, me lo llevo —anuncia Eli, corriendo la cortina del probador.
¿Qué? ¿Se va a comprar mi vestido?
—¿Seguro? —le pregunto.
—Sí, seguro —responde saliendo triunfal del probador con mi vestido en la mano.
—¿Y si engordas? —insisto un poquito…
—Nunca engordo.
Ahí lleva razón.
Han pasado cuatro semanas y todavía me duele el recuerdo del vestido. No sé cómo reaccionaré cuando lo vuelva a ver en la boda. Aún queda poco más de un mes; espero mentalizarme y no tirarme sobre él… La gente no lo entendería.
A Eli la he perdonado… a medias.
Hoy hemos quedado a cenar la familia al completo: mis padres, mi hermana Sofi, su marido y mi sobrina Alicia (otro día te hablaré de ella; tiene cuatro años y es un sol) y mi hermana Eli con Fran, su novio.
—Tenemos que anunciaros algo —dice Eli sonriendo.
Coge la mano de Fran, se miran y…
¡De pronto me doy cuenta! La cerveza sin alcohol, la tapa de jamón que no ha probado, ese brillo en los ojos…
—¡Estamos embarazados! —exclaman felices.
¡Madre mía! Todos nos abalanzamos sobre ellos en un remolino de alegría y sorpresa.
¡Otro sobrino! ¡Bien!
De hecho, si te fijas ha engordado un poquito… No mucho, que sólo está de un mes, pero tal vez lo justo para que…
¿Crees que me dejará su vestido?

 



           



2 comentarios:

  1. Me has dado una idea para una entrada...mi prueba del vestido...de hecho fue algo parecida a esta pero con un subrealismo total...

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  2. Coccinellidae, te has hecho seguidora, bien!!! Yo me he perdido la prueba del vestido de mi prima (se casa en Almería y yo vivo en Madrid); una pena, que mi prima es muy. . ., es muy ella :)
    Estoy deseando leer la tuya!
    Un puñao de besos!!!

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Soy una chica valiente, soportaré lo que tengas que decirme.

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