sábado, 6 de agosto de 2011

El flechazo



Tengo el bolso más maravilloso del mundo: grande, color chocolate, para llevarlo en la muñeca o en bandolera… Si yo fuese bolso, te juro que sería ese bolso.
            Me lo regalo JC por mi cumpleaños. No…, nada de sorpresa… Lo elegí yo, o sería más exacto decir que el bolso me eligió a mí, y entre los dos convencimos a JC.
            —¿Qué me vas a regalar, cariño? —le pregunté a mi novio dos meses antes de la fecha clave. La tarde anterior, paseando por Claudio Coello, había tenido lugar el flechazo entre el bolso y yo.
            —¿Ahora? —JC me miró sorprendido unos segundos y volvió a su partida de Battlefield Heroes—. Nada.
            —Quería decir por mi cumpleaños… —le expliqué.
            —Ya veremos —contestó sin levantar la vista de la pantalla del ordenador.
            Vale… Había comenzado la ofensiva. Las bases de la operación estaban sentadas. Los siguientes pasos requerían de toda mi experiencia.
            —Necesito un bolso grande —comenté de pasada un martes por la noche, mientras cenábamos—. En los que tengo no me cabe nada y voy dejándome las cosas por todos lados.
            JC no me hizo mucho caso, entregado en cuerpo y alma a la pizza y la cerveza que le había servido en una bandeja en el sofá.
            —El otro día se me cayó el iphone y todo —añadí, como quien no quiere la cosa—. Sigue funcionando, pero no sé si la próxima vez…
            Mi novio me miró asustado, y supe que la obvia necesidad de un bolso seguro para transportar el iphone había arraigado con fuerza en su mente.
            Un par de semanas después se lo señalé a través del cristal.
            —Mira, ése es el bolso del que te he hablado —le dije, con voz soñadora—. Es precioso, y me haría tan feliz…
            JC se acercó un poco más al escaparate y se alejó asustado.
            —¡Es carísimo! —exclamo, tirándome del brazo y continuando el paseo.
            —Lo vale —afirmé con convicción.
            El master touch llegó dos días antes de mi cumpleaños.
            JC se acercó cariñoso.
            —De modo que quieres un bolso por tu cumple —me dijo.
            —No, ya no —contesté sin dudar.
            El pánico se pintó en su cara.
            —¿Por qué no? —me preguntó asustado. Dos días no serían suficientes para que se le ocurriese otro regalo. Lo conozco bien…
            —Porque sólo me gusta uno —le miré tristemente, —y me dijiste que era muy caro—. Y añadí, con voz lastimera: —Da igual.
            —Hombre, Lili, habrá otro bolso que te guste y que no sea tan caro, ¿no? —inquirió esperanzado—. Hay miles de bolsos en el mundo.
            —No —contesté—. Para mí sólo existe uno.
            De modo que aquí estamos, mi bolso y yo, un gran equipo: un equipo ganador.
            —¿Me puedes llevar esto? —le pido a JC, pasándole el paraguas plegable, el neceser de maquillaje, una barrita integral, el iphone y el tarrito de Carmex.
            —¿No te cabe en el bolso? —me pregunta JC sorprendido—. Si es enorme.
            —Claro que cabe —respondo altiva; en este bolso cabría hasta yo, si fuese necesario—. Pero no querrás que se me deforme, con lo carísimo que es.
            Hay ocasiones en que la inconsciencia de JC me desespera.
            Pero aun así, le quiero.

3 comentarios:

  1. Necesito que me aclares si este blog es de coña o no.

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  2. El bolso existe, Lili existe y JC también (claro que no con esos nombres . . .). Las historias siempre estan basadas en hechos reales, aunque las adorno un poquito tal vez. . . (me tomo alguna que otra licencia literaria)
    En realidad lo que Lili quiere es ser escritora, y espera que le publiquen su primera novela!

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Soy una chica valiente, soportaré lo que tengas que decirme.

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