martes, 2 de agosto de 2011

Mezclas... imposibles?

           Cuando recuerdo aquel momento un escalofrío me recorre la espalda y me doy cuenta de lo cerca que estuvo todo de acabar antes de empezar. Una chica más frágil habría salido huyendo ante semejante desastre, pero yo aguanté, firme ante la dura y cruel adversidad.
            Sucedió hace cuatro años. Mi novio, al que llamaré JC para mantener su identidad en secreto, y yo decidimos irnos a vivir juntos. Bueeno, quizás lo decidí yo un poco más que él (he de confesarte que necesitó un empujoncito disfrazado de ultimátum que lo arrancase del nido familiar…). El caso es que allí estábamos, despidiéndonos a las ocho y media de la mañana en la puerta de nuestro primer hogar, cuando lo vi. La impresión fue tan terrible, la decepción tan grande, que me tambaleé y tuve que apoyarme en la pared.
            Toda nuestra relación pasó ante mis ojos en un instante: ¿merecía la pena apostar por ella, después de… aquello?
            ¿Qué te has puesto? le pregunté incrédula.
            Él bajó la vista hacia el traje gris, la camisa blanca y la corbata burdeos y levantó los hombros sin comprender.
            ¿Qué pasa? dijo, clavando en mí una mirada rebosante de infantil ignorancia.
             Le señalé los pies. Él levanto la pierna y ahí estaba, en todo su horror: zapatos negros con calcetines marrones. ¿Pero qué le había enseñado mi suegra en los treinta años anteriores, por amor de Dios?
            JC enarcó las cejas en un gesto adorable. De acuerdo, estaba enamorada y no iba a tirar la toalla a la primera de cambio. Además, mi novio es un chico listo y aprendió con rapidez: zapatos negros con calcetines negros, zapatos marrones con calcetines marrones y zapatos burdeos con calcetines burdeos. Créeme si te digo que no lo he vuelto a pillar mal combinado.
            Hoy me vuelve a mirar sin comprender.
            ¿Qué? le pregunto, sorprendida. Vamos a cenar con unos amigos y me he esmerado al máximo. Pensé que estaba divina pero su mirada…, me está haciendo dudar. ¿No te gusta?
            No sé… responde, con tono socarrón. ¿Llevas una camisa verde con una falda naranja, un cinturón dorado y unas sandalias moradas?
            contesto. Gucci –continúo. Adaptado por Zara le aclaro, antes de que le dé algo.
            ¿Me estás diciendo que ese batiburrillo de colores está de moda?
            Es lo más esta temporada contesto, a la defensiva.
            ¿Yo no puedo llevar calcetines marrones con zapatos negros y tú puedes llevar …eso?
            Esa pregunta no merece respuesta: a ver si se piensa que va a saber más que Gucci…         
           

8 comentarios:

  1. JAJAJAJAJA, MUY DIVERTIDO RELATO. ME GUSTA MUCHO SU ESPONTANEIDAD. UN PLACER VISITAR SU ESPACIO.
    UN ABRAZO

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  2. Gracias! Me alegro de que disfrutara!

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  3. cuando descubro un blog nuevo siempre vengo al primer post.
    Es tan real lo que has contado!!!, nosotras nos pasamos la vida poniendo "faltas" a sus atuendos y luego nos ponemos cada cosa..
    Los que son listos aprenden en seguida a vernos y callar!!,jajaja

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  4. Es cierto!!! JC ya sabe que el rosa con el naranja y con el lila es la combinación perfecta!!! A veces aún me mira raro, pero le dura poquísimo ;)
    Besos!

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  5. Uhhhgg, sí he hablado de ello en un post y estoy con JC, yo no lo entiendo, y no se si de Gucci o de Agata Ruiz, pero esos colores de combinaciones estridentes me provocan ceguera. Será que soy una antigua, pero siempre combino o casi siempre porque lo normal es que vaya a lo chafardero no me complico la vida al menos de diario.

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  6. Bueeeno, Coccinellidae, he de reconocer . . ., y lo digo sólo porque sé que JC no lee estos comentarios, que ya estoy un poco harta de tantos lilas y naranjas y rojos y fucsias y he vuelto al azul marino y al beige de toda la vida. Pero que esto no salga de aquí. . .
    La culpa la tuvo Guccci, que me lió. . .
    Un beso!

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  7. David, bienvenido! Me alegro de que te gustase. Y espero verte por aquí :)
    Un beso

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Soy una chica valiente, soportaré lo que tengas que decirme.

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