domingo, 26 de febrero de 2012

¿ Cómo puede ser tan bicho Anestesia ?

    Esta tarde vamos a decirle a Anestesia que nos casamos.
    ¡Bien!
    Y le va a sentar fatal.
    ¡¡¡Mejor!!!
    JC la está llamando por teléfono.
    —Hola, mamá, ¿cómo estás?... No, no soy Alberto, soy JC. ¿Quién es Alberto?... Da igual, no me cuentes más… Sí, todo bien… Sí, Lili está aquí… Mamá, tenemos algo que decirte. ¿Podemos pasarnos por casa a las seis?... ¿Tienes una sorpresa?... ¿Qué sorpresa?...
    Oh, oh…

                                                                       * * *
    Mientras esperamos a que Anestesia nos abra la puerta cojo a JC fuerte de la mano. Mi ánimo oscila entre el triunfo y la felicidad y no hay ni rastro de remordimiento por el disgusto ajeno que estamos a punto de causar. Voy a acabar con las esperanzas de mi suegra de un plumazo: ¡a tomar por saco Eleonora! Ya, ya sé que la chica estaba fuera de juego antes de comenzar la partida, pero ahora es como más oficial, más…, de boda y eso, ya sabes.
     —JC, querido, qué delgado estás —dice Anestesia; le da un beso en la mejilla—. Tienes ojeras y pareces taaaan cansado. Trabajas demasiado, cielo —y me lanza una mirada de reproche. Vuelvo la vista hacia mi novio, que al salir de casa tenía un aspecto fabuloso, y confirmo que lo sigue teniendo. ¿De qué habla este bicho malo?—. Lili, tú sí que tienes buena cara —y lanza al aire los dos besos de rigor—. Esos kilos de más te han venido bien. Pasad, quiero presentaros a alguien.
    ¿Cómo que “kilos de más”? ¡Pretende minarme la moral antes de comenzar la batalla!
    ¡Puñetera Anestesia! Se va a enterar cuando le soltemos la noticia. Espero que le dé un síncope, aunque con una bajada de tensión podría conformarme. O con un ataque de apendicitis, aunque no creo que eso esté relacionado con los cabreos… Mmmm, ahora que lo pienso igual sí tiene que ver, por lo de la mala bilis… ¿O eso es del hígado?
    ¡Por Dios, dónde está Google cuando más lo necesito?
    Entramos en el salón y un señor de unos cincuenta años, trajeado y con el pelo reluciente de pringue (o gomina; nunca he visto la diferencia: esas cosas me dan asco) se levanta del sofá y viene hacia nosotros.
    —Alberto, querido, te presento a mi hijo JC —le dice Anestesia y le dedica una sonrisa deslumbrante. A Alberto, claro, no a JC. ¡Vaya, jamás imaginé que mi suegra supiese sonreír!
    —De modo que tú eres el famoso JC del que tu madre y Clementina hablan tanto. —Mueve enérgicamente la mano en un intenso apretón. Diez minutos después se la suelta y coge a mi suegra por la cintura, achuchándola contra él.
    JC consigue movilizar los músculos de su rostro, que se han quedado rígidos, y murmura un “encantado” que se pierde entre las carcajadas de Anestesia.
    —Ya te dije que era muy tímido —lo excusa y yo alucino. ¿JC tímido? ¡Ja! Espera a que confirme que no se le ha gangrenado la mano... Lo de asimilar la situación igual le lleva algo más de tiempo, pero yo ya la he calado: ¡madre mía, estos dos están liados!
    Me acerco a Alberto y extiendo mi mano, valerosa; si JC se queda manco, yo también.
    —Hola, soy Lili —me presento.
    Alberto la obvia y me planta dos besos pegajosos en la cara. ¡Argh, habría preferido el estrujón!
    —¿Amiga del chaval? —pregunta socarrón y se gira hacia JC—. Estás en la época de tener amigas, buenas amigas. Y muchas, cuantas más mejor.
    ¡Eh, de qué habla este tipejo?
    ¡No me lo puedo creer, le ha guiñado un ojo a JC!
    —Bueno, en realidad…
    —Amigos, sí —me interrumpe Anestesia—. Querido —le dice a JC, y se vuelve hacia mí—, Lili, os tenemos que dar una noticia.
    No, no, no…
    —Muchacho, le he pedido a tu madre que se case conmigo y ha aceptado —le anuncia Alberto a JC con una sonrisa bobalicona en la cara.
    ¡¡¡No!!!
    ¡No, no y mil veces no!
    ¡Ésa es mi noticia!
    —¡Mamá! —exclama JC—, ¿de qué hablas? ¿Cómo te vas a casar? ¿Y papá?
    —Cielo, tu padre está feliz con Iván y encantado con la noticia —responde Anestesia y vuelve a mirar embelesada a Alberto.
    Sí, sé lo que estás pensando: no sabes nada del padre de JC, pero hay tanto que contar que no he sabido nunca por dónde empezar Ya tienes la primera pieza del rompecabezas que es su vida: se fugó con Iván al Caribe (o eso dice él; yo creo que estuvieron viviendo en Benidorm) y volvió hace un par de años a Madrid.
    Pero vamos a volver al quid de la cuestión: ¡¡¡la que se casa soy yo!!! Le doy una patadita disimulada a JC para traerlo de vuelta a la realidad. No, va a necesitar algo más fuerte, como un whisky…, o dos….
    No importa: lo haré yo. Yo le daré la noticia y veré cómo Anestesia se derrumba.
    —Nosotros también nos casamos —declaro con voz alta y clara.
    Anestesia me mira y niega con la cabeza.
    —No.
    —Sí.
    —¡No!
    —¡Qué sí! —y le doy un tirón del brazo a JC. ¡Por Dios, o colabora o no me caso!—. ¡Díselo tú, que no se lo cree!
    —Sí nos casamos, mamá —confirma JC—. ¿Pero tú cómo…?
    —¿Por qué? ¿Y cuándo? —pregunta Anestesia, pálida.
    —Porque sí. Y ya, nos casamos ya, en dos meses —respondo sin pensar.
    —Bueno, no coincidimos por los pelos —dice Alberto—. Nosotros habíamos pensado en junio.
    —¡No! —lo corrige Anestesia—. Nosotros nos casamos antes, en mes y medio.
    —¡En un mes! —digo yo.
    —¡Tres semanas! —chilla Anestesia.
    —¡Dos semanas y media!

                                                                                * * *

    —¿Entonces mi madre se casa mañana y nosotros esta noche? —pregunta JC de vuelta a casa.
    Mmmm…, sí, el asunto de las fechas se nos ha ido un poco de las manos.
    ¡Pero nosotros nos casamos antes!
    ¡Faltaría más!
   

miércoles, 22 de febrero de 2012

Adivina quién ya sabe que se casa !!!

    Sábado, 18 de febrero de 2012
    Barrio de Prosperidad
    Salón de Lili y JC


    —¿Qué es eso que me ha dicho tu hermana de que te casas? —me pregunta mi madre por teléfono— ¿Y cómo no soy yo la primera en saberlo? ¡Por Dios, Lili, que soy tu madre!
    —Mamá, en realidad todavía no… —le digo en voz baja, pegándome el móvil a la oreja tanto que casi me lo incrusto en el cerebro, en un intento de que JC, que está sentado en el sofá justo a mi lado, no oiga nada.
    —No, Lili, esto es demasiado para mi aura —me interrumpe, con un dramatismo en la voz cercano a la tragedia griega—. Te paso con tu padre; yo estoy muy afectada.
    —Mamá, mejor hablamos luego, que ahora…
    —Lili, ¿cómo se te ocurre darle ese disgusto a tu madre? —exclama mi padre antes de que me dé tiempo a añadir nada más—. Ya sabes lo sensible que está últimamente.
    —Lo de mamá es por la falta de jamón serrano —le digo a mi padre—, no por mi culpa.(*)
    JC me mira y asiente con la cabeza.
    —Es cierto —afirma—, tanto verde sólo es bueno para los bichos.
    —¿Está JC ahí? —pregunta mi padre—. Pásame con él para que lo felicite.
    Uy, uy, uy…
    —No, ahora no puede ponerse —contesto—. Está muy liado y esas cosas, ya sabes, con el ordenador y…, eso. No puede. No.
    —¿Quiere hablar conmigo? —me pregunta JC, estirando la mano para que le pase el móvil.
    —No, que va —respondo.
    —Sí, claro que sí —replica mi padre.
    —No puede ser —murmuro, pero noto que algo falla. No hay presión contra mi oreja. La mano está libre. No oigo la voz de mi padre… 
    Un momento…
    ¿Qué hace JC con mi móvil?
    ¿Cómo me lo ha quitado, por amor de Dios? ¡Lo de este chico no es normal!
    —¿Cómo dices? —oigo que pregunta desconcertado—. No, pero si nosotros no nos vamos a… —se calla y me mira; yo me encojo de hombros. Me niego a aceptar ninguna responsabilidad; el asunto está fuera de control y mejor dejarlo a su aire—. Más que contento, estoy un poco…, ¿por el rito tibetano? —JC se aleja el móvil, lo tapa con la mano y mueve la cabeza—. ¿¿¿De qué habla??? —me pregunta.
    —Ni idea —le digo inocente—. Igual es la falta de proteínas…
    Vuelve a acercarse el teléfono con un gesto de aprensión en su rostro.
    —La verdad es que no…, ¿por la iglesia?..., ¿la lista de bodas?... —me lanza una mirada de socorro—. No, no he decidido si iré de chaqué o de traje…,  ¿el color de la corbata?  —suelta el teléfono en el sofá y lo mira cómo si estuviese embrujado.
    —No me preguntes —le digo, anticipándome—, que no tengo ni idea de lo que les pasa. Pero me preocupa, la verdad.
    —¡Se piensan que nos vamos a casar!
    ¡Sí! ¡Es guay!
    Lo único que falta es que me él lo pida, lo sé, pero dejando eso aparte…, ¡sigue siendo guay!
    Y lo noto. Es el momento. Ahora o nunca.
    ¡De modo que es ahora!
    —No sé que decirte —me miro las manos pensativa—. Es algo muy serio.
    —¿Decirme qué? —me pregunta, completamente descolocado.
    —A lo de casarnos —contesto, levantando la vista y clavando los ojos en él—. Porque para siempre es mucho tiempo, ¿verdad? Y casarse es como muy… casarse. Muy para siempre. Mucho tiempo. Y eso.
    A veces alucino con lo raro que me explico; no me entiendo ni yo. Pero sé que él sí, y eso sí que es alucinante. Me mira y sonríe.
    —No. Si es contigo, para siempre es muy poco.
    —Entonces quizás podríamos…
     Y guardo silencio.
    No pienso decir nada
    Pero nada de nada.
    Espero.   
    ¿Hasta cuando?
    ¿¿¿Es que no piensa decir nada él???
    No importa.
    Espero un poco más. Soy una chica paciente y…
    Paso de esperar.
    —JC…
    —Lili —me interrumpe—, ¿quieres casarte conmigo?
    ¡¡¡Yupi!!!
    —¡Claro que sí!

    Diez minutos después, mientras lo celebramos con besos y chardonnay, vuelve a sonar mi móvil. JC lo coge sin pensar.
    —¿Sí?... Hola, Eli… ¿Qué?... ¿Que has hablado con el cura de tu parroquia?...  ¿La boda?... ¿Pero cómo lo sabes, si se lo acabo de pedir?...
    ¡No, no, no! ¡Esto es un exceso de comunicación entre mi familia y mi novio-prometido totalmente innecesario! Le quito el móvil de la mano, lo apago, le arranco la batería y la meto en la nevera.
    Bien, mucho mejor.
    Me giro y veo a JC mirándome con una sonrisa divertida en los labios.
    —Mi hermana Eli y yo siempre hemos estado muy unidas —le digo, mientras cierro la puerta del frigo—, somos casi gemelas, con poderes telepáticos y todo. Fijo que se ha enterado así.
    JC estalla en carcajadas.
    —Sí, seguro que ha sido eso.

    Y vuelven los besos y el chardonnnay...
    Mmmm..., mejor lo dejamos aquí… ;-)
    ¡Oh, pero estáis todos invitados a la boda!
        
    (*) Si acabas de llegar a mi blog y aún no has leído todas las entradas (cosa que tienes que hacer, que son guays!), te contaré que mi madre lleva unos meses en plan vegetariana-extrema. Está un pelín abducida por su grupo de meditación y..., en fin, que nunca ha sido una persona ordinaria, pero lo de los últimos tiempos está rozando la locura extraordinaria :-). 
    (**) Mamá, si lees esto, que sepas que eres la mejor !!! Pero recuerda lo bueno que está el jamón...
   

jueves, 16 de febrero de 2012

Adivina quién se casa !!!!!!!!!!!!!

    Miércoles, 15 de febrero de 2012
    15:30 horas.
    Calle Goya, Madrid.

   
    —¿Qué tal llevas el día? —me pregunta mi novio por teléfono.
    —Bien —contesto mientras hago equilibrios con el móvil en el hombro y trato de coger una falda del perchero de Zara sin soltar la rebeca y la camisa sin las que, obviamente, la primera no tendría sentido—. ¿Y tú?
    —Liado, ya sabes, la reunión con don Álvaro me ha dejado exhausto y… —¿qué pasa con esta falda, por Dios?— … vamos a cenar a las nueve.
    —¿A cenar? —tienen que haberle puesto una cadena, ¿pero por qué?; ¿llevará cristales de Swarovski?—. ¿Con don Álvaro?
    —¿Con don Álvaro? —la voz de JC suena asombrada; observo la falda y no veo cristales; ¿será una edición limitada, tal vez?—. ¿Por qué quieres ir a cenar a casa de mi jefe?
    —Yo no, lo has dicho tú —quizás la hayan pegado al perchero. No, no me preguntes motivos, yo sólo me remito a los hechos. 
    —No, yo he dicho que me ha llamado mi madre para que nos pasemos sobre las nueve —responde JC.
    ¡Oh! La sorpresa me hace ser increíblemente fuerte: doy un tirón y la falda cede, arrastrando a una chica pelirroja que la coge por el otro extremo como si fuese flotador en un naufragio.
    —¿Por casa de Anastasia? —trato de situarme, sin apartar la vista de mi falda y de la… tía caradura que no la suelta—. No sé, hay mucho lío en la agencia y quizás salga tarde. —La pelirroja y yo nos medimos con la mirada; quizás ella me gane en fuerza, pero no hay duda de que yo le gano en experiencia.
    —No te preocupes, Lili. Mi madre me ha dicho que no pasa nada si no puedes venir —responde JC con naturalidad—. Entiende que con el nuevo trabajo estarás muy ocupada.
    ¿Qué?
    ¿Cómo que no pasa nada?
    ¿¿¿Qué significa eso en el idioma de mi suegra???
    —Iré —le digo—. Un beso —cuelgo y con una sacudida firme e inesperada hacia abajo le arranco la falda a la competencia, que me mira alucinada por la rapidez de mis reflejos. Un ligero sentimiento de pena aflora en el fondo, muy en el fondo de mi corazón: tiene mucho que aprender…

    20:10 horas.
    Calle Núñez de Balboa, Madrid.

    —¡Lili, has venido! —me saluda Anestesia, y lanza dos besos al aire que esquivo con diligencia; la costumbre, ya sabes—. Le dije a JC que si no podías…
    —¿Cómo no voy a poder? —la interrumpo, sonriendo—. Sabes que me encanta verte.
    ¡Eh! No, no me llames mentirosa. Llámame… mentirosilla…
    —Que amable —contesta, y añade—: Que falda tan… tú ¿Es nueva?
    ¡Mira que es bicho! ¿Qué le pasa a mi falda? ¿Y desde cuando un “tan tú” puede sonar como un insulto?
    JC me coge del brazo y me arrastra hasta el salón, donde su hermano Javi y su marido Jon charlan con dos mujeres que no conozco, aunque una de ellas, la más vieja, me suena de algo, pero…
    —¡JC, que alegría verte! —la joven se lanza hacia mi novio y le planta dos besos que le dejan marcadas las mejillas. ¡Argh, que asco! ¡Va a tener que lavarse la cara con lejía para quitarse ese rojo tan hortera!—. ¿Cómo estás?
    —Muy bien —responde JC, cortés (es un chico muy educado)—. ¿Y tú?
    —¡Estupenda, no me ves? —y le sonríe de forma rara; ¿pero esta tipa que se ha creído?—. He pensado mucho en llamarte para tomar algo —me miro la mano y la veo; vale, no me he vuelto invisible—, pero al final no me decido —y comienza a reírse en plan histérico, levantando los hombros y agitando la cabeza.
    Me relajo (es la risa más horrible que he oído jamás, con hipos intercalados y algo parecido a tosecillas) y me acerco a Javi, que observa la escena divertido.
    —¿Quién es esa? —le pregunto.
    —Eleonora, la hija de Clementina —responde y me pasa una copa de vino.
    —¡Venga ya! —exclamo pasmada; miro a la mujer que cotillea con mi suegra y de repente la reconozco; ¡claro que es Clementina! Muevo la cabeza con incredulidad—. ¿Pero qué pretende tu madre? —me bebo de un trago el vino y le paso la copa a Javi, que me la llena hasta el borde. Le dedico una sonrisa de mudo y eterno agradecimiento—. Está fatal. Antes se centraba más en Jon y en ti, pero en los últimos meses me tiene frita… —pensativa, me llevo la copa a los labios.
    —Cielo, nosotros ya estamos casados —me lanza una mirada intensa con arqueo de cejas incluido.
    Claro. Casados.
    ¡Oh!
    ¡Ohhh!
    —¿Crees que si JC y yo nos casamos… —bebo otro sorbo de vino—, me dejará en paz?
    —¿Quién sabe? —responde Javi— Pero se llevará un disgusto horroroso.
    ¡Ohhhhhh!

    22.15 horas.
    Calle Núñez de Balboa, Madrid.
    Cuarto de baño de Anestesia.

    —Me caso —le digo a Eli en voz baja cuando descuelga el teléfono.
    —¿Qué? —pregunta mi hermana.
    —Que me caso —repito, elevando un poco más el tono. Me he metido en la ducha y he cerrado la mampara para que no me oigan Eleonora y compañía.
    —¿Qué dices? —exclama Eli.
    ¡Por Dios, que sorda está esta chica!
   —¡Que me caso, Eli, que me caso! —¡jolín!
    —¿Te casas? —grita mi hermana—. ¿En serio?
    —¡Sí! —¡qué guay! ¡Todavía no me lo creo!
    —¿Con JC?
   —¡Eli, con quién va a ser? —la perdono porque soy una santa, pero qué tipo de pregunta es ésa?
    —¡Madre mía! ¿Cómo ha sido? ¿Y el anillo? ¿Y la fecha? ¡¡¡Quiero detalles!!! —chilla histérica—. ¿Lo saben Sofi y mamá? ¡Tenemos que empezar a mirar vestidos! ¿Por la iglesia o por lo civil? Espero que por la iglesia, Lili, que te conozco y no quiero disgustos. Voy a llamar al cura de la…
    Uy, uy, uy…
    —Ya te contaré mañana. Un beso —y cuelgo.
    Mientras vierto lo que queda de vino en la copa (previsora, me he traído una botella al baño pero, despistada, está casi vacía), pienso que tengo que controlarme. Quizás me he adelantado un poquito dando la noticia, llevada por la emoción.
    Mmmm, sí…, nada de contárselo a nadie más.
    ¡Al menos hasta que lo sepa JC!

    Continuará. . . ;-)

domingo, 12 de febrero de 2012

Más verdades verdaderas

    Mdoc, que es un sol de chico, me ha nominado para un meme (es un honor que pensases en mí; gracias, guapo!!!), y a pesar de todo lo que ya sabéis de mí, me estoy convirtiendo en una exhibicionista tremenda, así que allá van un montón de cosas más. Y todas verdad.

    3 lugares en los que has estado y te gustaría volver a estar:
    - Amsterdam.
    - Venecia.
    - Normandía.

    3 motivos por los que te gusta formar parte de la bloguesfera:
    - Me gusta leer.
    - Me gusta escribir.
    - Me gusta conocer gente interesante.
   (Yo diría que soy blogadicta :-) (JC también lo dice) (y mi madre) (y mi padre) (y mis hermanas) (y mis amigas) (y mi profesora de yoga) (y... ya está, nadie más :-)
     
    3 libros favoritos:
    - Cualquiera de P. G. Wodehouse (“Gracias, Jeeves”, por ejemplo) (o “Amor y gallinas”) (o “Fiebre primaveral”) (o… cualquiera)
    - “Mi prima Raquel” de Daphne du Maurier.
    - “¿Hay alguien ahí fuera?” de Marian Keyes.
    - “Loca por las compras” de Sophie Kinsella.
   (sé que eran tres, pero no puedo decidirme)

    3 cosas que te gustaría hacer y que todavía no has hecho:
    - Sólo hay una que de verdad deseo: hacerme viejecita al lado de JC.

    3 cosas que te alegran el día:
    - El sol.
    - Un beso.
    - Una llamada de JC.

    3 palabras que te definan:
    - 2.55.
    - Chardonnay.
    - No es una palabra, es una frase que me dicen muuuuucho: “chica, estás como una cabra”.

    3 sitios donde no has estado, pero que te gustaría visitar:
    - Viena.
    - Moscú.
    - Berlín.

    3 de tus comidas favoritas:

    -Patatas fritas con huevos fritos, mmmmm…………..
    -Pizza picante (con guindilla!).
    -Migas (de harina :-).

    3 olores que te gusten:
    - Olor a lluvia.
    - Olor a libro viejo.
    - Olor a libro nuevo.

    3 canciones que nunca podrías dejar de escuchar:
    - "Non, je ne regrette rien" de Edith Piaf (siempre está a punto de hacerme llorar).
    - “Pack up”, de Eliza Doolittle (me alegra el corazón).
    - Somethin´ Stupid (la primera canción que bailé pegadita a JC).

    3 películas favoritas:
    - “Irma la dulce”: incluso me compré unas medias verdes, pero no termino de verme con ellas.
    - “Vértigo”: me encantan todas las de Hitchcock, pero ésta es mi preferida.
    - “Desayuno con diamantes”: sólo que yo en mis días rojos (los días en los que tienes miedo y no sabes el porqué) no voy a Tiffany's sino a Zara, y rodeada de percheros y de gente que no conozco siempre me siento mejor.

    3 momentos inolvidables:
    - Hace catorce años entré en un bar, miré alrededor y vi a un chico que me sonrió. Hace catorce años que no me separo de él.
    - Cada verano, cuando vuelvo a Cabo de Gata y siento el sol y la humedad y el olor a mar: siempre es igual, y siempre es diferente.
    - En noviembre del 2011 hice un viaje que cambió mi vida.

    Ahora me toca añadir tres preguntas y nominar a tres blogueros, pero no se me ocurre ninguna pregunta interesante (prometo pensarlo y si me viene la inspiración editar la entrada y añadirla). Y en cuanto a las nominaciones…, ¡es imposible elegir sólo a tres! Cuanto más pasa el tiempo más os conozco y más cariño os tengo. ¡No puedo hacer distinciones! Así que el que se anime o se atreva o le apetezca, que se lance!
                                                     ¡¡¡ FELIZ SEMANA !!!

martes, 7 de febrero de 2012

De compras con Alicia :-)

       Sábado, 4 de febrero de 2012.

   ¡Soy una tita guay! De hecho, creo que soy la mejor tita del mundo No, no exagero: mi sobrina Alicia siempre me lo dice y ella es muy sincera (lo único que me crea cierta duda es que también se lo diga a sus otras titas) (y a las amigas de mi hermana) (y a alguna vecina…). Pero qué más da, entre ella y yo hay una conexión especial: es la única que ve todas las fotos del Vogue conmigo sin quejarse e incluso hace comentarios de lo más inteligentes (“tita, ese chaleco es como el mío de pastorcilla, ¿me lo puedo poner mañana para el cole?”). Por eso no imagino un plan mejor para el sábado por la tarde que irme de compras con ella.
    —¿Quién se puede quedar esta tarde con Alicia? —pregunta mi hermana Sofi después de comer algo con pinta rara en casa de mi madre. Sí, lo has adivinado: mi madre se mantiene en fase vegetariana-a-mi-manera y la cosa empieza a ser insoportable. Mi padre, mis cuñados y JC se han inventado los sábados de hombres y se van a comer al restaurante de la esquina; yo tengo excusa, que estaba en el baño cuando lo decidieron, pero a mis hermanas aún no las he perdonado. ¡Qué falta de reflejos, por Dios!
    —No puedo, cielo —responde mamá—. He quedado con mi grupo de meditación —y se levanta de la mesa, haciendo sonar el cascabel que lleva en el tobillo de su pie derecho y que se escapa de sus babuchas turquesa. ¡Ay, madre! ¿Qué será lo próximo? ¿Un tatuaje? ¿Un porrito? Mmmmm., de hecho, el incienso de hoy huele raro…
    —Uf, yo me encuentro regular —dice Eli, y me lo creo. Está de siete meses y… ¡Oh, no te lo he contado: sale de cuentas el día de mi cumpleaños! ¿Te lo puedes creer? ¡Si es que soy la mejor tita del…
    —¿Sólo se puede quedar con Lili? —pregunta Sofía con tono alarmado.
    —¡Eh! —¡pero bueno! —¿Qué pasa conmigo?
   —¿Mamá? ¿Eli? —Sofía las mira a los ojos mientras ellas niegan con la cabeza y se encogen de hombros; ¡será posible!
    —¡Sofía, esto es demasiado! —me ofendo—. ¿Qué tengo yo de malo? —a veces pienso que para ser la hermana mayor, me respetan muy poco. ¡Pero que muy poco!
    Sofía se vuelve hacia mí.
    —Lili, escúchame: Alicia lleva falda y jersey y quiero que vuelva con la misma ropa —ya…, quizás lo diga por aquella ocasión en que le probé tantos trapillos que luego no recordaba cual era el suyo y le puse un vestido equivocado y saltó la alarma y me indigné y nos llevaron a…, da igual, no tienes que saber todo sobre mí—… y nada de maquillarla y llenarle todo el pelo de purpurina —¡venga ya, si era carnaval! —…, y ni hablar de cortarle el pelo —¡si sólo fueron las puntas y un poco el flequillo, que llevaba un corte de lo más soso! —y ni se te ocurra…
    —Vale —la interrumpo—. Daremos un paseíto y nada más.
    Que tu propia hermana saque tus trapos sucios en público duele…
   Una hora después y tras una acalorada discusión con argumentos de peso por ambas partes entre mi sobrina y yo, estamos entrando en Zara. Alicia prefería Mango porque las dependientas son más simpáticas y a veces tienen caramelos, pero ha ganado Zara porque tiene cuatro plantas y yo llevo una bolsa de Sugus y una piruleta en mi bolso.
    —¿Qué te parecen? —le pregunto a mi sobrina y le enseño unos pantalones color aguamarina.
    —Me gusta más esto —se sienta en el suelo, se quita el abrigo y las botas y se pone unos zapatos de tacón de al menos 40 cm (no, no me he equivocado, nada de 8 o 10 centímetros; igual son hasta 50) color amarillo chillón.
    —No, no te veo con algo así —entre otras cosas, porque mi sobrina tiene cuatro años y los zapatos le están enormes. Pero además es que éste va a ser el verano de los colores pastel y ese amarillo no pega con nada que no sea… con nada.
    —Sí, tita, los quiero —y echa a correr. Me quedo alucinada mirando el sentido del equilibrio tan sobrenatural y…, ¿dónde va? —¡Alicia, párate! —cojo sus botas y el abrigo mientras ella, que se ha tomado un descanso, suelta los tacones amarillos y se pone unas sandalias de tiras color fresa. ¡Vaya, son preciosas! Si se estuviese quieta un segundo para poder verlas bien…, pero no, vuelve a correr por toda la tienda—. ¡Alicia! —grito un poco exaltada. ¿Pero que lleva ahora? ¡Madre de Dios, se ha puesto una falda de cuero!— ¡¡¡Alicia, estate quieta ahí!!! —¿cómo puede correr de esa manera con tacones y falda? ¡Va en contra de todas las leyes de la física!
    Mi sobrina se gira y me sonríe. Le hago señas para que no se mueva pero ella me saluda con la piruleta en la mano y retoma la carrera, esta vez en dirección a unas chaquetas blancas. Oh, oh… A cámara lenta veo como Alicia restriega la piruleta por la manga impoluta de una chaqueta y…
    ¿Pero quién me llama ahora? Busco el móvil en mi bolso y contesto, sin separar los ojos del blanco, que se va tornando en rojo.
    —¿Qué tal va todo? —pregunta mi hermana Sofía.
    Doy un respingo y vuelvo a la realidad. Tengo que mantener la calma.
    —Bien —contesto.
    —¿Seguro? —insiste. 
    ¡Qué pesada!
    —Segurísimo —Alicia mira alrededor y ve unas camisas de seda beige—. Todo controlado —respondo mientras corro hacia mi sobrina y mantengo el móvil en equilibrio entre mi hombro y el oído. Llego justo a tiempo de impedir que restriegue la piruleta por la última camisa que queda limpia—. Dame eso o se lo digo a mamá —le digo, bajito.
    —¿Me dices qué? —pregunta Sofía. No sé si es instinto maternal o que tiene el oído muy fino. O tal vez estoy tan histérica que el tono “bajito” ha pasado a ser un chillido.
    —Señora, ¿es su hija? —me pregunta una voz a las espaldas. Me giro y ahí está: la dependienta de Zara, con las chaquetas blancas y las blusas beiges manchadas de piruleta de fresa en el brazo.
    —Señorita —contesto—. Y es mi sobrina, ¿algún problema?
    —Sí, hay un problema —cuenta las prendas y añade—: Doce problemas, para ser exactos. —¿Doce? Miro a Alicia y me sorprendo: ¡esta chica es rapidísima!—. Comprenderá que tiene que abonar al menos el…
    Uy. uy… No, de eso nada. ¡Que pongan controles de edad para entrar! ¡O detectores de golosinas! Miro a mi sobrina y una corriente de comprensión se cruza entre nosotras: sí que son antipáticas estas dependientas. ¡Tendríamos que haber ido a Mango!
    —… y son unos ciento ochenta euros —concluye la dependienta—. Si me acompaña a la caja, por favor...
    ¿Qué?
    —¿Qué? —¡ni en broma!—. ¿Qué? —repito para ganar tiempo—. ¿¿¿Qué??? —¡no se me ocurre nada!, salvo…—: ¿Mi sobrina está sangrando por la nariz, a punto de desmayarse, y ustedes quieren cobrarme? —Alicia, que es listísima (¡cuánto se parece a su tía Lili!) está poniendo cara de enferma, o algo parecido: se ha tumbado en el suelo y…
    —¡Seguridad! —grita la dependienta—. ¡Tenemos a una niña sangrando por la nariz!
    —¡No! —exclamo, mientras cojo a Alicia de un brazo y trato de levantarla—. No es necesario avisar a seguridad.
    —¿¿¿Qué??? —grita mi hermana Sofía, al borde del colapso—. ¿Alicia está desangrándose?
    Ups… ¿Desde cuándo llevo el teléfono en el hombro?
    —Sofi, no te preocupes —le digo, con cierta flema británica propia de una novela de Wodehouse—, que no es lo que parece.
    Pero hablo sola: mi hermana ha colgado.

                                                                      * * *

    —No era para tanto —le digo a JC mientras como pistachos y bebo una copita de chardonnay—. Mi hermana es una exagerada; no sé por qué llamó a una ambulancia antes de llegar a la tienda. Y la dependienta ha sido de lo más antipática.
    JC me mira y trata de mantenerse serio. Espero que lo consiga: no tengo más ganas de pitorreo esta noche. Además, hay una cosa que me tiene preocupadísima. Doy un trago a mi copa y dudo si planteárselo; no estoy segura, creo que prefiero seguir en la ignorancia.
    Mmmm…, no, que yo soy una chica valiente; mejor se lo pregunto y asumo la respuesta
    —¿Crees que en Zara tendrán una lista negra, para piradas y gente así, y me habrán apuntado en ella?
  

viernes, 3 de febrero de 2012

De estreno !!!

 

    Después de aprenderme de memoria tres canciones de los Ramones  y cantárselas a JC esta mañana a capella (lo que tiene un mérito tremendo, tienes que reconocerlo), por fin estreno mi camiseta, ¡¡¡bien!!! 
    
    Bueeeno, quien dice tres canciones dice dos, o una. Y cantar, cantar..., más bien ha sido tararear, pero el inglés no es lo mío (aunque si trabajas para Vogue has de saber que soy prácticamente bilingüe). 
    
   FELIZ FIN DE SEMANA   ;-)
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