jueves, 31 de mayo de 2012

Cierta libertad


           —Tengo miedo —le dije a mi abuela—. ¿Puedes hacer que se vaya? —me hice un ovillo en el sofá, apoyé la cabeza en sus piernas y esperé. Ella siempre tenía el remedio para que el negro que a veces me inundaba por dentro se transformase en blanco.
            —¿De qué tienes miedo, mi niña? —preguntó mientras me acariciaba el pelo.
            —De todo.
            —¿Y qué crees que necesitas?
            —Un cuento, abuelita. Cuéntame un cuento bonito que me haga pensar y que llene el vacío...

          Continúa en mi otro blog Batiburrillo by Lili :-))))))))))))))))
     

jueves, 24 de mayo de 2012

Rebeca Rus!!!


Es alucinante: una de mis tres escritoras de chick-lit preferidas (verdad verdadera), en perfecto equilibrio con Marian Keyes y Sophie Kinsella, no sólo abrió el email de una desconocida en el que le pedía que presentase su novela, sino que addemás lo contestó, leyó la novela en 48 horas y dijo que sí.
¡No me lo creo!
Cuando le dije a JC : “voy a mandarle a Rebeca Rus un correo para pedirle que presente mi libro”, me miró con cara de “estás como una cabra si piensas que te va a contestar”   (luego me miró con cara de “debe de estar tan piradilla como tú  :-))))).
Y os confieso que llevo tres semanas en estado de shock: cada vez que recibo un correo de ella me paso media hora mirándolo en plan flipada sin atreverme a abrirlo. ¡¡¡Es que es Rebeca Rus!!!
Aún no me creo que sea verdad, que una escritora tan genial como ella vaya a venir, pero hay gente increíble por el mundo.
Y yo no sé cómo agradecérselo (con croquetas, sí, pero me parece poco).
De modo que voy a poner un 

GRACIAS

tamaño gigante para ella (aunque no sale muy grande, jooooo...).

PD.- Sí, soy un poquillo fan-friki, pero nunca lo he negado…

martes, 22 de mayo de 2012

Vade retro, amarillo


La petite Emma y su madrina la tita Lili
    —¡Lili, qué es eso? —pregunta mi hermana Eli con los ojos como platos, interrumpiendo el villancico Blanca Navidad que le está cantando a la petite Emma para que se duerma.
    —Mi móvil —contesto.
    —No, eso no —dice, agitando la mano y señalando mi teléfono—. Eso.
    —Eli, que es mi móvil —insisto—. Voy a llamar a JC a ver cuánto le queda —le explico. Estamos todos en su casa (no "todos" en plan el mundo en general; me refiero a la familia) y sólo falta que llegue mi novio para descorchar la botella de vino y brindar por la recién nacida (que es una preciosidad).
    Y de verdad que necesito un traguito de vino, porque escuchar Hacia Belén va una burra rinrín, El tamborilero y Adeste Fideles en pleno mes de mayo es raro. Muy raro.
    —Lili, ¿le has puesto una funda amarilla al teléfono? —susurra mi hermana. Emma se remueve en sus brazos y suelta un hipo—. Que no te la vea mamá.
    —¿Por qué? —si es muy chula.
    —¿Desde cuando no hablas con ella? —me pregunta mi hermana.
    Oh, oh, oh… La última vez que oí esa frase mi madre pasó de ser una maestra jubilada a una…, ¿cómo decirlo sin que suene a pirada?...,  iluminada por el yoga, las hierbas raras y la cocina vegetariana.
    —¡Lili, por amor de Dios, no lees nada de lo que te mando? —mi madre acaba de entrar en el salón y se lleva las manos a la cara. 
    ¡Vaya! Ha sido un gesto tan guay que decido incorporarlo a mi catálogo de expresiones de sorpresa.
    —¡Claro que sí! —contesto, aunque no sé de que me habla—. Lo leo todo.
    Mi madre niega con la cabeza y se aparta un mechón de pelo de la frente.
    —No, no trates de engañarme, que soy tu madre —y gira la cara hacia la derecha, mostrando un perfil con un exceso tremendo de colorete.
    Un momento… Aquí hay algo raro… Desde que he llegado sólo he tenido ojos para Emma (es preciosa, no sé si lo he comentado) y he pasado por alto…
    —¡Mamá, vas vestida de rojo? —¿qué es esto? Mi madre, hippie desde hace seis meses, ¿sin parecer el arco iris?
    —Sí, cielo, esta semana mi inspiración es Marisa Paredes —señala la funda amarilla y luego a mí, con una expresión de drama que roza la tragedia—. ¡Y quiero eso lejos! —sale del salón y se dirige a la cocina, donde está preparando su crema lila (un auténtico misterio cómo consigue ese color: yo creo que lleva lombarda, pero JC opina que el ingrediente secreto es el plastidecor morado de toda la vida)
    Miro a Eli sin entender nada.
    —¿Qué le pasa?
    —Mira tu e-mail —y comienza a cantarle a Emma Clavelitos; parece que hemos acabado con el tema navideño, aunque no sé yo si esto de la tuna es mejor…
    —¿Mi e-mail?
    —Sí. Y supongo que si no has visto el correo de mamá, tampoco habrás leído el mío de la parroquia y de los cursillos prematrimoniales —añade con tono acusador—. Vais con el tiempo justo pero hablaré con el padre Rafael para que haga la vista gorda.
    ¡Otra vez! ¡Pero si la boda va a ser civil! Al final haré los cursos esos con tal de no oírla, ya verás…
    Busco mi correo electrónico en la BlackBerry y lo abro.
    Mmmm…, puede que tal vez me haya saltado un par de correos de mamá…, o tres…, o cinco… (Cómo conseguir un aura fresca; Los secretos del Yogui Khanun; Chakras, esos grandes desconocidos; El estrés no es malo, es peor; Sé feliz: dona tu ropa a un rastrillo solidario; Me he apuntado a clases de interpretación; El yoga en el día de tu boda
    ¿Cómo? Retrocedo y… Sí, he leído bien: “Me he apuntado a clases de interpretación”.
    Lo abro y… alucino.
   
    Queridos todos:
    Mi maestro yogui considera que tengo tanta energía creativa que es difícil canalizarla en una sola actividad (su maestro yogui no puede con ella), por lo que me ha aconsejado que incluya otras actividades en mi agenda (el tío quiere compartir la carga) que den salida a tanta vida interior (ejem…, vale, me acaba de dar un ataque de risa; ¿desde cuando a estar como una cabra se le llama vida interior?). Me he apuntado a clases de interpretación; ya sabéis que de siempre he querido ser actriz (¿¿¿???) y nunca es demasiado tarde.
    Os avisaré de mi debut en escena.
   PD.- Por favor, mantened el amarillo lejos de mí. Lo he consultado con mi maestro yogui y me ha confirmado que no es leyenda: el amarillo incorpora vibraciones que interfieren con la inventiva y la imaginación, además de quedar feísimo en cámara.
    Besos, mamá.

    Levanto la vista y la clavo en Eli, que le tararea Si Adelita se fuera con otro a Emma.
    —¿Y qué dice papá?
    —A él con tal de volver a comer carne…
    —¿Y nosotras que hacemos?
    —He quedado con Sofi el próximo sábado para ir de compras.
    —¡Genial! —¡nada como las tiendas para olvidarse de locuras ajenas, sí!
    —Sí, para el estreno.
    —¿Estreno? —¿qué estreno? Aquí nadie ha hablado de ningún estreno. Uy, uy…
    —La semana que viene, el viernes: mamá es la protagonista —me contesta Eli.
    —¿Pero yo porqué no me entero de estás cosas? ¿Mi familia ha decidido dejarme al margen? ¿No cuento ya para nadie? ¿¿¿Qué está pasando???
    —Lili, anda, sigue leyendo los correos atrasados… —dice mi hermana con sorna.
    Mmmm… Voy bajando y…

    Queridos todos:
  El viernes 1 de junio debuto como protagonista en un drama griego clásico fusionado con una performance…

    Ohhhh, vaya… Me pregunto quién habrá heredado esa vena dramático-interpretativa de mamá… :-P

domingo, 13 de mayo de 2012

¡ Nos vamos de torneo ! Oh, por cierto, tengo hándicap :-)))


    Allá por el mes de septiembre JC y yo nos apuntamos a clases de golf. Mi novio detecto una ligera gordura a la altura de la barriga (también conocida como tripa cervecera) y decidió que era hora de practicar algo de deporte. Después de negarse a incluir el ir de compras en esa categoría, nos decidimos por el golf y nos apuntamos a unas clases con un profesor de lo más despiadado, Borja, un tipo rubio con mechas a lo Guti que me cogió ojeriza porque le di un golpecillo de nada a un pato sin querer y . . .  Si quieres saber más, tendrás que retroceder en el tiempo :-))))



    ¡Tengo hándicap, bien!
    No, no me pidas que te explique lo que es, que me lío.
   ¿Qué? ¡No, nada de ropa! Pero qué cosas tienes… Y qué bien me conoces…
   Es eso del golf, un montón de puntos que tienes que ir rebajando en torneos hasta que llegues al cero y entonces te dan una chaqueta verde y puedes ser coleguilla del Pisha y de Tiger. Espera un momento…
    JC dice que nada de chaqueta verde, que eso es para los profesionales.
    —Yo soy superprofesional —le contesto, pelín ofendida.
    Entre nosotros, está un poco celoso porque mi hándicap es una mijilla mejor que el suyo. No sé cómo ha sucedido pero he sido la revelación de este deporte.
    Mmmm…, no, no creo que me veas en la tele…; no, ni tampoco en los periódicos. Mi fama se circunscribe a un ámbito más reducido: familia (sin contar a mi hermana Eli, que acaba de tener un bebe y no se entera de mucho) (ni de poco) (bueno, no se entera de nada) (aunque fijo que justo lee esta entrada) y algún amigo con el que he coincidido, ha salido la conversación y se lo he contado de modo casual (yo nunca iría por ahí en plan: “¡Alf., cuanto tiempo!; ¿sabes que ya tengo hándicap?”).
    Oigo una carcajada y me giro.
    —Lili, guapa, tu estilo es más “¡Alf, tengo hándicap!; ¿qué me cuentas tú?” —comenta JC, riendo por encima de mi hombro.
    —¡Eh, no leas mientras escribo! —le dirijo una mirada cargada de justa indignación y…
    No, paso. Mejor cojo un cojín y se lo tiro. Desde que juego al golf tengo una puntería cercana a la perfección… Claro que si mi novio se mueve y lo esquiva no le doy, pero eso no tiene nada que ver conmigo.
    —¡Voy a por los palos al trastero y te espero en el coche! —grita mientras oigo el ruido de las llaves y la puerta al cerrarse.
    ¡Ups, y yo todavía con el albornoz! Siempre me lías, con lo puntual que he sido de toda la vida de Dios.
Tengo que dejarte; en realidad sólo entraba un segundo en el blog para decirte que hoy tengo mi primer torneo y estoy nerviosísima.
    ¿Cómo dices? ¿Que te vienes?
    ¡Guay, nos vemos en el campo!

                                                                           * * *

    Campo de golf.
    Hoyo uno.
    —Lili, el peso en el pie derecho —oigo la voz de Borja, mi ex profesor, saliendo de la nada y un escalofrío me recorre desde la punta de los pies hasta la cabeza. Miro alrededor y no lo veo. Deben de ser los nervios: ese rubio hortera dejó una huella imborrable en mí. Agito la cabeza para apartarlo de mi mente, vuelvo a colocarme delante de la bola, flexiono las rodillas, comienzo a elevar el palo y… —Lili, ¿es que no me oyes? ¡El peso hacia el pie derecho! —insiste la voz de Borja. Doy un respingo y le pego a la bola de puñetera casualidad. Rueda un par de metros y se queda pacíficamente inmóvil.
    Joooo…
    Me acerco a JC, que me abraza comprensivo.
    —Es sólo el primer hoyo —me dice, pero los dos lo sabemos: una mala salida es…, pues eso, una mala salida. Un asco.

    Hoyo dos.
    El golpe de salida ha sido guay y casi coloco la bola en green (en el césped cortito que hay alrededor del agujero). Saco el sand de la bolsa y me dirijo a ella. La examino de un lado, luego del otro (truquillo para impresionar/descolocar/imponer a mis rivales, porque por mucho que la mire sólo sé darle de una forma) y me sitúo con el propósito de…
    —Abre la cara del palo —de nuevo la voz de Borja se cuela en mis pensamientos. Miro alrededor y tropiezo con los ojos de JC que me sonríen. Vuelvo la vista a la bola, elevo el palo y…— ¡Por Dios, Lili, abre la cara del palo! —… no rozo la bola. Nada. Ni un poquito.
    ¡Venga ya!
    —Tendrías que haber abierto más la cara del palo —oigo a Borja, burlón. Ufff…, va a ser un partido muy largo. Y raro, que esto de oir a gente que no está (porque Borja no está, que he vuelto a mirar y no lo veo: ni rastro de mechas fashion) es muy chungo.
   
    Hoyo tres.
    —¡Por Dios, Lili, dos trimestres y aún coges el palo como si fuese un hacha? —me pregunta ya-sabéis-quien. El hierro 7 le da a la bola con fuerza y la envía directa al lago.

    Hoyo cuatro.
    —¡No muevas la cadera como si estuvieras bailando salsa! —oh, oh…, esto es nuevo: no sólo escucho a Borja repetir las frases de siempre, sino que me invento alguna. ¡Si yo no sé bailar salsa!
    Madre mía, fijo que tengo algún trastorno mental grave. No creo que pueda llegar hasta el final…

    Hoyo cinco.
    —¡La cabeza del palo, Lili! —estoy empezando a ponerme histérica…—. ¡Se te ha caído la cabeza del palo por detrás del hombro!

    Hoyo seis.
    —¿Por qué apartas la mirada cuando golpeas la bola? La vista siempre, siempre, siempre en la bola —uy, uy, uy…; estoy a punto de explotar… —. ¿No te enseñé nada o qué?
    —¡¡¡Cállate!!! —chillo con todas mis fuerzas. Suelto el palo y busco a JC con la mirada—. ¡Oigo voces! —le digo, presa del pánico—. ¡Madre de Dios, es como en El sexto sentido! —el grupo que nos acompaña se va apartando conforme me acerco a mi novio—. ¡No deja de corregirme y de decirme cosas y… —un momento…, ¿quién es ese tipo moreno que está con JC?
    —¡Y no me haces caso! —grita Borja.
    El Borja de carne y hueso.
    ¡Sin mechas!
   ¡¡Y al lado de mi novio!!
   ¡¡¡La madre del cordero!!!
   —¿De qué vas? ¡No puedes hacerme esto! —vocifero—. ¿Cómo te atreves a quitarte las mechas y no avisarme? —¡es más de lo que pudo resistir, por amor de Dios!—. ¡Durante seis hoyos he pensado que me había vuelto loca! —le dirijo la mirada más implacable que he lanzado en mi vida—. ¿Tú sabes lo que algo así supone para mí?
    —¿Normalidad? —replica.
    —¿Normalidad? —juraría que acaba de insinuar que estoy como una cabra, pero los nervios me nublan la razón. 
    Y sabes que soy una chica pacífica y razonable, pero cuando se despierta la bestia…
    Sí, mejor que me sujete JC, porque yo a este tipo lo dejo calvo.
    —¿Cómo se te ocurre teñirte, mal bicho? ¿Así cómo quieres que te reconozca?  —le grito mientras mi novio me lleva a la cafetería.
    
    No, nada de tila.
    Tampoco chardonnay.
    ¡Mis nervios están pidiendo un whisky a gritos!
    ¡Doble!
    Y tal vez una de esas hierbas que tiene mi madre… 



martes, 8 de mayo de 2012

Lili y Maite

            
    —¿ Y ahora qué? —me pregunta Lili resentida.
    —¿Qué de qué?
    —¡Mira la que has liado en el blog! 
    —No te entiendo —esta chica me despista.
    —¡Era mi blog! —exclama con los ojos chispeantes de indignación.
    —¿Pero que dices? —está fatal de la cabeza…—. De eso nada: el blog es mío.
    —¡Que sepas que no lo permitiré; pienso aparecerme en sueños y seré tu peor pesadilla! —sentencia con tono amenazante.
    —¿No permitirás qué? —pregunto, totalmente perdida.
    —Que te olvides de mí —contesta con dramatismo; se sienta en el suelo y cruza las piernas—. Justo ahora que estoy a punto de casarme, que tengo un trabajo guay y que empieza el buen tiempo y por fin voy a poder ponerme la camiseta de Los Ramones y los pantalones verde menta y el mono de crochet, vas tú y te lo cargas todo.
    —¡Yo no me he cargado nada!
    —Claro que lo has hecho. ¿Por qué has tenido que hablar de ti? Ahora todo el mundo pensará que yo no soy tú.
    Ufff…
    —Lili, no creo que nadie… —me interrumpo porque llaman por teléfono. Aparto las manos del teclado y contesto.
    —Hola, guapo —saludo a J, el JC de verdad (no hay mucha diferencia entre ellos :-) (sí, es cierto hasta el superpoder para provocarse un ataque de fiebre de 40 grados y escaquearse de las compras de navidad)
    —Hola, Mai. ¿Qué tal la mañana?
    —Bien, escribiendo —contesto, mientras miro la pantalla del ordenador.
    —¿Lili?
    —Sí —le digo—. Está enfadada conmigo, ¿te lo puedes creer? Dice que me he cargado el blog.
    —Ya…
    —Tiene un morro increíble. Llevo desde agosto hablando de ella y para un par de cosillas que cuento de mí, va y me suelta que…
    —¿Estamos hablando de la misma Lili? —J me interrumpe y su voz suena desconcertada—. ¿La de JC, Anestesia y todo eso?
    —Síííííí —¡por Dios, qué otra Lili hay en mi vida? Ohhh, por cierto, Anestesia también es clavadita a la Anestesia real…
    —¿Y me estás contando que tu personaje se ha enfadado contigo? Mai, guapa, tú sabes dónde está el límite entre la realidad y la ficción, ¿verdad?
    —¡Eh! ¿Te estás poniendo de su parte? —¡venga ya!
    Oigo una carcajada al otro lado de la línea.
    —Sí, es obvio que lo sabes. Dile a Lili de mi parte que no se enfade, que tú eres muy ella, y ella muy tú —¿cómo?; me he perdido…
    —¿Hablas de doble personalidad? —porque no sé yo si eso es bueno…
    —No, Mai, eres un caso de única personalidad y doble vida. O vida y media… —J guarda silencio—. De hecho, creo que podríamos dejarlo en vida y un cuarto, porque todo lo que te pasa se lo adjudicas a Lili… —me he vuelto a perder. Cuando J se pone místico me causa un estrés…—. En realidad Lili eres tú.
    —Sí, bueno, no sé —¿una personalidad y vida y cuarto?; no termino de verlo…—. Un beso —me despido y vuelvo al teclado—. Venga, no te disgustes —le digo a Lili, que sigue sentada en el suelo y traza flores imaginarias con el dedo en la tarima.
    —Mmmm….
   —Tenemos que hacer miles de cosas —continúo; no me gusta verla triste—. La boda, el vestido definitivo, los casos de la agencia de detectives, Monikey, el dependiente cruel, tu bolso…
    —¡Con eso te pasaste veinte pueblos y un poco más! —se levanta de un salto y me mira fijamente—. ¿Cómo pudiste comprarle mi bolso a Anestesia? Sinceramente, no me esperaba algo tan despiadado.
    —Sí, es cierto… También fue difícil para mí —me separo de la mesa y me estiro…—. Pero que se prepare —tecleo—, porque en la nueva temporada le va a pasar de todo, y nada bueno…
    —¡Ohhhhhh! ¿Qué piensas hacer? —Lili comienza a sonreír—. Venga, cuéntamelo… Soy de fiar.
    —No, de eso nada. Ya sabes de qué va esto: tendrás que vivirlo.
    —¿Entonces no me vas a mandar al olvido virtual? —Lili me dirige una mirada feliz.
    —¡Claro que no! ¿Estás tonta? 
    J lleva razón: yo soy tú. 
    Y es cierto: éste es tu blog.
   
          
           
           

jueves, 3 de mayo de 2012

Ya está, ya está, ya está, ya está, ya está, ya está, ya está, ya está, ya está !!!!!!!!!




 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Ya estáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !!!!!!!!!!!!!!!

    Estoy tan emocionada que ni siquiera me he ido de compras para celebrarlo (lo sé, es raro. JC tampoco se lo cree; teme una especie de efecto rebote que desemboque en la tarjeta de crédito echando humo en cualquier datófono ;-)))
  
    No sé dónde será la presentación, pero prometo cervecita y chardonnay :-P. Os avisaré y me encantaría que vinieseis :-)))

    ¡¡¡ Estáis todos invitados !!!

miércoles, 2 de mayo de 2012

De yoga, relajaciones, meditaciones... y nueva temporada :-))))


    Madrid, 30 de abril de 2012

    Barrio de Prosperidad

    Clase de yoga.   


    Mmmm… Estoy tan a gusto que creo que me voy a quedar a vivir aquí para siempre, sin nada material, sólo esta calma… Y quizás una almohada…
    —No permitas que tu mente se aleje. Repite: no me voy a dormir, mi mente está aquí y ahora —la voz de mi profesora me llega lejana, como un runrún.
    “No me voy a dormir”, repito. Y mi mente está aquí, sí…
    ¿Por qué no me compré el mono de crochet de Zara? Es tan bonito que lo necesito con desesperación: va a ser la base de todo mi vestuario este verano. Puedo prescindir de faldas, de shorts, de camisetas… No, de faldas no, que la de margaritas que he visto en la página web de Topshop es un básico sin la que la camiseta de H&M no tiene razón de ser…
    —… y vamos a recorrer todo el cuerpo suavemente, como una ola que empieza en la parte alta de tu cabeza y… —continúa mi profesora con tono monocorde. Un soporcillo comienza a apoderarse de mi espíritu pero lo alejo con una patada mental. No me voy a dormir, voy a permanecer aquí y…
    ¿Qué ha dicho? Ola…, sí… Eso me recuerda….
    ¡Oh! ¡Bikinis! ¡Madre mía, no les he dedicado aún ni un leve pensamiento! Estas cosas me asustan: ¿será el principio del fin? ¿Estaré perdiendo la cabeza?
    Inspiro profundamente y la paz me invade. No hay estrés. Cuando acabe la clase apunto "bikini" en la libreta y fin de la historia.
    ¿Cómo dices? ¿Qué libreta? Ya sabes, la Libreta.
    ¿No te suena? ¡Vaya! No me creo que aún no te haya hablado de ella...
    Mi libreta es… no sé cómo describírtela sin quedarme corta: si yo fuese libreta, sería esa libreta. A veces pienso que es más yo que yo misma. Está llena de apuntes y recortes de revistas y tiene cuatro apartados (prendas indispensables, prendas imprescindibles, prendas obligatorias y prendas vitales) (*), en los que anoto lo que necesito cada temporada para tener claras las prioridades y no arrasar con media tienda (y en el caso, altamente improbable, de que me dé una especie de ataque consumista, tipo trastorno mental transitorio, asegurarme de que al menos me llevo la media tienda buena).
    —… tobillo del pie izquierdo, dedo gordo del pie izquierdo, segundo dedo del pie izquierdo… —mi profesora sigue recorriendo las partes del cuerpo con ausencia total de entonación en sus palabras. Sigo la ruta que me marca y noto un cosquilleo en el pie; se me está durmiendo...
    ¡Oh, tampoco he apuntado las sandalias! 
    Uf, me está entrando un calor tremendo…
    —… uña del dedo gordo del pie izquierdo, uña del segundo dedo del…
    ¡El esmalte rojo! ¿Qué me está pasando, por amor de Dios? ¿Cuántas lagunas hay en mi libreta? Esto es demasiado.
    Me incorporo con sigilo y me dirijo al fondo de la sala, donde hemos dejado las zapatillas y las bolsas al entrar. Localizo la mía mientras ignoro una tosecilla de la profesora (no hay que ser tan quisquillosa: debería alegrarse de que no me haya dormido; creo que soy la única), abro la cremallera y busco a tientas la libreta…
    No, claro, a oscuras es imposible que la localice. Quizás si enciendo el móvil, la luz de la pantalla…
    ¡Bien! Sí, aquí está. La cojo con cuidado y apunto “bikini, sandalias y esmalte rojo” en los cuatro apartados: no es momento de ponerme a decidir en cual encaja mejor aunque me inclino por “prendas obligatorias”, que es más cuestión de necesidad que de placer, pero…
    ¡¡¡Eh!!! ¡¡¡Sssshhhhhhhhhhhh!!!
    ¿A quién se le ocurre llamarme? ¡Madre de Dios, que estoy en plena relajación! La tos sutil de mi profesora se ha transformado en un carraspeo tosco y empiezo a oír movimiento en las esterillas. Rechazo la llamada y murmuro una disculpa. Guardo la libreta en la bolsa y…
    ¡Venga ya! ¡¡¡Otra vez!!!
   ¡No, no, que nadie me mire mal, que no me ha dado tiempo de apagar el móvil! Miro la pantalla y contesto.
    —Mamá —le digo en un susurro—, luego te llamo, que estoy en yoga.
    —¿Qué es eso, cariño? —pregunta mi madre—. ¿Una tienda nueva? Nuestro maestro dice que deberías limpiar tu aura de ese consu…
    —¡Mamá! —la interrumpo—. Yoga —repito—. Estoy en clase de yoga.
    —¡Lili! —exclama mi madre al otro lado de la línea—. ¿Y qué haces hablando por teléfono? Nuestro maestro se va a llevar una decepción grandísima con…
    Cuelgo el teléfono y lo desconecto. Me giro y vuelvo a mi esterilla envuelta en silencio y miradas de reproche. Las acepto con humildad sólo porque estoy en clase de yoga, que si vamos al fondo del asunto la culpa es de mi madre (¡¡¡¡por Dios, que le he rechazado la llamada, por qué vuelve a marcar????). Me tumbo y la voz de la profesora vuelve a retomar…, lo que estuviese diciendo. Entre tú y yo, estoy un poco perdida: esto de la meditación es complicadísimo, pero me voy a centrar y voy a poner todo de mi parte para que mi mente no se vaya de paseo.
    —… hombro derecho, brazo derecho, codo derecho, antebrazo derecho… 
    Mmmm… ¿he apuntado la cesta de mimbre para ir a la playa? He visto unas preciosas en Woman Secret, de esas que luego no encuentras y acabas yendo con la toalla en el brazo.
    ¡Oh, la toalla!

                                                                  * * *

    —¿Qué tal la clase de yoga? —me pregunta JC cuando vuelvo a casa—. ¿Relajada?
    —Pse —no, nada de nada—. Demasiadas cosas en la cabeza.
    —La nueva temporada, sí —contesta mi novio con la risa bailándole en los ojos.
    —Sí —respondo sin pensar—. ¡¡¡No!!! —me corrijo—. El trabajo...
    JC suelta una carcajada y yo decido que no me termina de gustar que me conozca tan bien. Claro que ya no tiene remedio :-P.
   
    (*) No, no me digas que son lo mismo porque no tienen nada que ver. Y si no ves la diferencia…, tendrás que invitarme a una copita de chardonnay para que te lo explique (mi sabiduría en estas cosas tiene un precio, ya sabes :-)



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