miércoles, 27 de junio de 2012

La peor frase del mundo

     Hace tres semanas:
    —Lili, esa funda amarilla da mal fario —me dijo mi padre con una seriedad a la que no me tiene acostumbrada al tiempo que señalaba mi móvil.
    —Venga ya, yo no soy supersticiosa —le contesté. Además, la funda es chulísima, amarillo limón/con un toque de lima/pero no amarillo pollo.
    —Ni yo, pero el amarillo da mal fario.

    Hace dos semanas y cinco días:
    —Lili, esa funda amarilla da mal fario.
    —Paso de esas cosas, papá, que no soy supersticiosa.
    —Ni yo, pero el amarillo da mal fario.
   
    Hace dos semanas y un día:
    —Lili, esa funda amarilla da mal fario.   
    —Pues eso —contesto.
    —Pues eso —insiste mi padre.

    Hace una semana:
    —Lili, esa funda amarilla da mal fario.   
    Guardo silencio, un silencio cargado de toneladas de paciencia. Un silencio tan meritorio como el de una muda que después de años recupera el habla justo después de ver Sálvame durante cuatro horas seguidas. Ese silencio que romperías con tacos y palabrotas y estrellando sillas y jarrones contra la tele pero no lo haces porque estás rozando un nivel superior cercano al nirvana y…
    —¿No me oyes? Te decía que ese amarillo da mal fario
    ¡Y a tomar viento!
   —¿Cómo va a dar mal fario un color? ¿Correos da mal fario? ¿Un limón da mal fario? ¿Un Ferrari amarillo da mal fario? —mi padre me observa y echa un paso atrás—. ¿Un pato da mal fario? ¿Un plátano da mal fario? ¿Y Bob Esponja, también da mal fario? —pregunto, presa de la indignación—¡Noooo, claro que no porque sólo da mal fario la funda de mi móvil!
    —¡Lili, no me grites que soy tu padre! Las cosas se pueden hablar con tranquilidad y sin necesidad de …
    —¡¡¡Ja!!! —ahora quiere tranquilidad. ¡Hombre ya!
    Me giro y me marcho con la cabeza muy alta, el móvil en mis manos y el corazón lleno de maternal orgullo: tanta crítica durante las dos últimas semanas y el pobre no ha dicho nada. Es más bueno…

    Martes, 26 de junio de 2012
    —Ha sido un día horrible —le digo a JC. Cojo un puñado de pistachos del cuenco que nos han puesto en la terraza del bar y le doy un trago largo a la copa de chardonnay, tan largo que me la termino. Miro la copa y alucino: es de la cristalería de Pin y Pon. Justo hoy que  necesitaría que me dejasen la botella al lado me echan un culillo de nada en una copa minúscula. Semejante falta de comprensión me provoca aún más ganas de llorar; me contengo porque soy una chica de una fortaleza sorprendente
    —¿Mucho lío?
    —Muchísimo —contesto—. El tipo de las flores me ha dicho que no cree que haya peonías para la fecha de la boda y…
    —No, guapa, me refiero al trabajo —me interrumpe JC.
    ¿Qué más da el trabajo cuando el resto de mi vida se desmorona?
    —… y luego me ha llamado el cura de no sé donde y me ha echado una bronca terrible por no haber ido ayer a los cursillo prematrimoniales y…
    —¿Qué cursillos? Lili, si me vas a llevar delante de un cura mejor que me avises, que yo no soy de sorpresas.
    —… y me ha hecho ir a la parroquia a confesarme y me ha tenido rezando un montón de tiempo y yo ya no me acuerdo ni del padre nuestro y…
    —¿Pero de qué estás hablando?
    —… al rato me ha llamado mi hermana Eli y me ha dicho que el cura está un poco disgustado pero que aun así nos casará si hacemos el curso puñetero la semana que viene y tú te confiesas…
    —No, no, no, yo no me confieso.
    —…y yo le he dicho que nos vamos a casar por lo civil y me ha dicho que eso es horrible y que no se lo esperaba de mí, pero no lo entiendo porque llevo meses diciéndole que la boda será civil —me interrumpo para darle un trago a la cerveza de JC: con él han sido más generosos—, y encima abro el Vogue para animarme y resulta que mi 2.55 vale 3.000 euros en vez de 1.600 y yo ya con tanto no puedo.
    Y me derrumbo. JC me da un pañuelo y contesta una llamada mientras yo lloro a moco tendido, porque igual llego a los 1.600 euros antes de cumplir los 50 años, pero seamos razonables: ¿a los 3.000?
    ¡Por amor de Dios, qué pretenden, que nunca tenga ese bolso? ¿Y por qué?
    ¿¿¿Por qué???
    —… sí, está aquí, espera que te paso con ella, aunque está un poco disgustada… ¿Cómo?..., Sí, se lo digo —JC se separa su móvil de la oreja —. Es tu padre: dice que si no le coges el teléfono por lo del amarillo.
    —No.
    —Dice que no… Un abrazo —JC cuelga el teléfono—. Dice tu padre que el amarillo da mal fario pero que si no quieres no te lo recuerda más, que sólo quiere que seas consciente —no me lo creo. ¿Otra vez? —. Y que le cojas el teléfono, que lleva todo el día llamándote —el móvil de JC vuelve a sonar. Mira la pantalla y levanta la vista—. Es tu hermana Sofi… Hola, Sofi… Sí, está aquí conmigo… No lo sé, espera… Lili, guapa, Sofi pregunta que por qué no contestas a sus llamadas…
    ¡Qué pesado está todo el mundo!
    —Pero si hoy sólo me ha llamado Eli por la mañana —rebusco en mi bolso en busca del móvil… Y rebusco un poco más…
    Mejor saco las cosas del bolso.
    Pues no…
    Nada de móvil en mi bolso.
    Oh, oh, oh…

    Hora y media después
    —Es tu padre otra vez, ¿se lo cuento? —me pregunta JC; asiento con la cabeza: cuanto antes mejor. JC levanta el pulgar en un gesto de ánimo—. Hola… Sí, sigue aquí… No, no, no es que no quiera hablar contigo…, no, nada que ver con el amarillo…, se lo han robado… Sí, el móvil…, sí, el de la funda amarilla… sí…, claro que se lo dijiste…, sí, varias veces…, sí, puede que varias decenas… Es muy cabezona, sí… Vale, un abrazo —mi novio termina la llamada y el “te lo dije” de mi progenitor queda flotando en el aire.
    —No te preocupes, guapa, que al menos tienes copia de seguridad de la agenda y los correos— ¿copia de qué? ¿Yo? ¿Por qué iba a tener yo copia de nada? JC me observa con aire burlón—; la que te llevo diciendo que saques desde hace un mes, por si acaso.
    ¡Ups, esa copia!
    Ya, ya, ya… No, claro, es que si vamos por la vida desconfiando de todo…
    —Y tienes el seguro que contratamos cuando el último móvil se te cayó. Lo guardé con la factura en la caja de la BlackBerry —joooo… ¿Y me lo dice ahora?—. Ya sabes, la que te dije que no tirases en uno de …
    Uf, que rollo…
    Miro el horizonte y lo veo plagado de “te-lo-dije” al menos durante las próximas 24 horas.
   Busco al camarero y le señalo mi mini-copa vacía.
    JC está hablando de nuevo por teléfono. 
    —… si, no te preocupes, la próxima funda nada de amarilla…, claro, nada de caso…, sí, toda la razón…
    El camarero se acerca; cuando va a rellenarme la mini-copa agarro la botella con todas mis fuerzas. Él da un tirón sutil y la botella no cede. Lo intenta con más fuerza y…, no… Las situaciones desesperadas me hacen increíblemente fuerte. Y la amenaza de “te-lo-dije” infinitos es de lo más desesperado que me ha sucedido nunca.
    Nos miramos a los ojos: en los míos se refleja la firme determinación de una chica que jamás de los jamases soltará la botella hasta que esté vacía.
    Él se rinde y tras una ligera reverencia se aleja.
    Y nos quedamos la botella y yo. Y JC hablando otra vez con mi padre.
    —… sí, claro que se lo dijiste…
    Sé lo que estás pensando: una botella no será suficiente. 

domingo, 24 de junio de 2012

El mundo no puede dejar de girar


         Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor? —preguntó un tipo muy listo allá por los años 30 del siglo pasado. Un tal Keynes, John Maynard Keynes.
            —Lo mismo que usted —le habría contestado yo, claro que en el caso de que la pregunta fuese dirigida a mí es muy probable que Mr. Keynes hubiese cambiado el término “señor” por el de “dulce damisela”.
            Y es que después de escribir una novela y un blog sin más pretensiones que las de hacer reír, he caído en la cuenta de que lo de comer y pagar facturas también puede tener importancia.
          De modo que me vuelvo a reinventar, en esta ocasión con mi nombre real, sin esconderme detrás de Lili y siguiendo los sabios consejos de mis padres:
            —Nena, ¿no crees que lo que estudiaste podría servirte para algo?
            Mmmm…, veamos…, estudié Derecho, lo que me vendría genial si tuviese que defender a alguien en un juicio, o aconsejarle sobre sus problemas con el vecino del quinto, echarle una mano con el contrato de alquiler de la plaza de garaje o quitarle de encima al pesado de su marido. Y también estudié Empresariales, lo que es guay para llevar la contabilidad de…, de cualquiera. Pero es que además vivo cerquísima del Registro Civil de Madrid y podría hacer gestiones para el interesado por el módico precio de…
            ¡Madre mía, ya me veo alquilando un megadespacho en una de las Torres de la Ciudad del Real Madrid y convertida en la ejecutiva revelación de la ciudad! (¡¡¡quizás incluso me saquen en Vogue!!!).
            ¡Ups! Me he caído de las nubes de golpe y me he dado un batacazo tremendo…
            Pues eso: aquí estoy, para todo tipo de asesoría jurídica o contable.
          Y es que es el momento de grandes ideas, o de ideas sin más. De poner ilusión, sacarle más horas al día de las que en tiempos de bonanza tiene y saber que pase lo que pase, el mundo no puede dejar de girar.   
     Fdo.- Maite Blanes

     PD.-Lili dice que os diga que seguirá por aquí para siempre. Es más flipada... Con lo largo que es eso de "para siempre" :-P.
     PD2.- Lili dice que os diga que como en un par de días no le deje contaros lo del muestrario vamos a tener problemas, y de los gordos (con el karma y esas cosas...)
    PD3.- Lili dice que os diga que nos vamos a tomar una copita de chardonnay, que ya son horas :-)))))))
  

    

viernes, 22 de junio de 2012

Fotos de aquí y de allá!


   
     ¿Os acordáis cuando justo después de terminar los exámenes os pillabais un resfriado tremendo y sin justificación aparente, salvo que os fastidiaba los primeros días de vacaciones?
     
    ¿O cuando, tras once meses disfrutando de una salud de hierro y sin un solo día de baja laboral, justo el mes de agosto, ése en el que te vas a dar la vuelta al mundo y ya veremos si vuelves, te despiertas con 40 de fiebre y la cabeza a punto de estallar?
    
      —Eso es que te has quedado baja de defensas por los nervios y te has pillado un virus de los gordos —me dijo ayer JC mientras me traía un gelocatil y un sobre de algo que estaba malísimo.
     —La entrada de la presentación... —conseguí murmurar entre estertores cercanos a la muerte y mocos, muchos mocos.
    —Sí, guapa, luego —y hasta ahí puedo contar, porque me dormí a eso de las cinco de la tarde, con treinta y ocho de fiebre y la seguridad absoluta de que tenía una enfermedad desconocida y de que tal vez me sacasen en Vogue en la sección de enfermedades desconocidas.
    
    ¿Creéis que después de un relato tan estremecedor de mi enfermedad-casi-mortal-post presentación podréis perdonarme que ayer faltase a mi palabra y no os pusiese fotos?
   
    Allá van las que he ido recopilando.
Antes de salir de casa camino al estrellato. Mi madre, que es la dueña del pie que se ve al lado, prefiere no salir... Cosas del karma y no sé qué más me ha dicho :-P

Con Don Francisco, mi jefe de elindependientedigital.es y quien me corrige cada coma y cada acento de lo que escribo (aunque a veces me pille jugando al golf y me provoque un ataque de nervios porque me falta un acento en un "cuando")
En la presentación, con Rebeca Rus y JC

A punto de soltar una lagrimilla: Rebeca dijo tantas cosas buenas de mi novela, fue tan generosa, tan divertida y simpática que jamás de los jamases podré agradecérselo lo suficiente.


¡¡¡No podía estar más feliz!!! La etiqueta de Lili es idea de Maripili, que logró ponérsela hasta a Anestesia :-))).
Panorámica de la presentación desde la segunda fila (aclaración importante, que había muchísima gente detrás :-)))))
Con Bobadilla´s girls (Mary, te echamos de menos!!!!)
Con Maripili y Marijuli, dos soles!!! Blogueras al poder :-)))))))
Una semana antes de la presentación JC me dijo que quería decir una cosilla y... eso fue lo que dijo :-)))))

Y este chico tan guapo es JC. Lo sé, guapo es poco, es guapísimo!!!!!!!  Sin él muchas de las cosas buenas que me han pasado no habrían sido posibles :-)


Salvo por quien no pudo estar (cosas de la distancia), la noche fue perfecta :-)


     Por ahora esto es todo, pero prometo ir actualizando con más fotos que vaya recibiendo.

    M y Nuda Veritas, gracias por venir!!!! Marijuli, Maripepi, no estoy segura de que querais que ponga fotos vuestras, pronunciaros al respecto, plis :-)))))


miércoles, 20 de junio de 2012

La presentación (episodio piloto)


  
    ¡Anoche fue la presentación de la novela “Y de repente…, ¡él!" y fue guay! La mejor fiesta que se recuerda en el barrio de Prosperidad desde…, desde que el barrio existe.
     Y no es que lo diga yo, que podrías dudar de mi objetividad. También lo dice JC (no se conoce novio más objetivo que el mío), mis padres (otro ejemplo de objetividad en estado puro), Anestesia (ejem…), blogueras mundialmente famosas por ser un ejemplo de ausencia de subjetividad en sus opiniones (Maripili, Marijuli, Nuda Veritas, Ana Pepinillos…), Don Francisco (es tan, tan, tan objetivo que su opinión vale por dos)… Y así hasta 70 amigos, todos realmente objetivos. Y todos realmente geniales.
     Parte del éxito fue gracias a Rebeca Rus (¡¡¡¡¡¡no se puede ser más divertida, simpática y maravillosa!!!!!!), y la otra parte hay que reconocérsela a Vicente del Bosque, que no me plantó un partido de la selección justo el mismo día.
     Un momento…
     Dice JC que no es Vicente del Bosque el que fija las fechas, que lo decide el comité de… algo.
     ¡Pues eso, que fue guay!
     Salvo un detalle tonto y sin importancia: mi fotógrafa oficial (mamá, ¿¿¿qué hierba te tomaste???) se olvidó la cámara en casa y no me hizo muchas fotos. Ni pocas. Podríamos decir que no me hizo ninguna. Cero. Cero patatero. 
     Pero soy una chica de recursos y estoy recopilando algunas de aquí y de allá para contaros todo sobre la presentación: anécdotas, secretos jamás revelados, blogueras alucinantes, chicos guapos que se levantan y declaran amor eterno, madres que piden que no se las mencione, suegras que llevan tan felices la etiqueta de Anestesia, vecinos que deciden quedarse a vivir en la taberna para siempre, porteros que le echan la bronca a la escritora, padres que en un momento de pánico se lanzan a buscar público a la salida del metro…
     Todo esto y mucho más, mañana aquí :-)))
     ¿No te lo irás a perder?
  
  
      Pi, Fa, Santi, Francois, Claudia y Olivia, os eché tantísimo de menos que no os podéis hacer una idea. Pero me lo pasé genial!!! Fue maravilloso, un sueño. Y aquí no acaba todo: como dijo Rebeca Rus, aquí comienza todo!!!!!!!!!


martes, 19 de junio de 2012

Ya está todo preparado :-)

Ha llegado el día, biennnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

      


            Y está todo preparado:
            —Rebeca Rus, ok
            —Invitados, ok.
—Novelas, ok.
—Tabernilla, ok.
—Nervios, ok (a todo lo que dan).
—Pelo, ok (ejem…; ahora hecho una pena, pero estará ok).
—JC, ok (no, él no está nervioso; es iceman).
—Familia, ok (salvo Pi y Fa y Santi y Francois y Claudia y Olivia y Cris y David y Fran y Carmen y Jose Angel: os echaré de menos).
            —Vestido, voy a ver…
            ¡¡¡Venga ya!!!
¡¡¡No tengo nada que ponerme!!!
—Vestido, no ok. Situación de emergencia. Me voy de compras.

¡¡¡ Os espero a todos a las 20.30 en la taberna irlandesa Friends Tavern de Pradillo 30, Madrid !!!


sábado, 16 de junio de 2012

De performances y otros desastres

¿Aquí cabe un coche que crece por momentos y a traición? Venga ya...
 ¡Nos vamos de performance!
 Y mi madre es la protagonista. La obra se llama “Del griego al francés y entre ellos, la desesperanza”, título curioso que me causa una cierta intranquilidad.
    —¿Tú sabes de qué va, papá?
  —No —contesta después de unos segundos de silencio—, pero no se lo digas a tu madre.
  —¿No le has preguntado? —¡qué hombre: me duele en el alma semejante falta de interés!
  —¿Se lo has preguntado tú? —contraataca.
    Mmmmm…
    —No cambies de tema, papá… —que ya lo hago yo—. ¡Vámonos, que llegamos tarde! —grito y comienzo a buscar mi bolso.
    Hemos comido en casa de mi hermana Sofi para celebrar el éxito arrollador de mi madre (no, nada de esperar a que se estrene la obra: estas cosas mejor hacerlas por adelantado no vaya a ser que luego no haya nada que celebrar) y ahora nos vamos todos al teatro. Bueno, todos no: mamá se fue hace un par de horas por el asunto del maquillaje y vestuario.
    Vaya, ahora que lo pienso…
    —¡Eh, hay vestuario! —le digo a JC en voz baja con un ligero alivio.
    —¿Qué? —pregunta mi novio sin comprender.
   No puedo transmitirle mis temores, pero entre nosotros: ¿qué significa eso del griego y el francés? Si mi padre se hubiese preocupado un poquito más del nuevo hobby de…
    ¿Cómo dices? ¿Qué yo también podría haberlo hecho? No, no, no; no nos liemos: como mi madre salga haciendo cosas raras en una performance de esas tan modernas…
    Al menos no lo hará desnuda, que hay vestuario. Sí, me voy a centrar en este pensamiento.
    —¿Quién se viene conmigo?
    —¿Vas a conducir tú, tita Lili? —me pregunta Alicia, mi sobrina de cinco años.
    —Sí —contesto orgullosa y agito las llaves del coche en el aire.
   —Me voy contigo —responde sin dudar— ¡Mamá, tita Eli, la tita Lili va a conducir!
    —¡Yo no me lo pierdo! —oigo que dice Eli desde la otra punta del pasillo.
    —¡Ni yo! —se une Sofi.
    Miro a los chicos, que están en el salón comentando no sé qué de la prima puñetera.
    —Queda un asiento libre, ¿alguien se apunta?
   —Yo me…
    —Menos JC —le interrumpo. Es un sol, simpático, guapísimo y viste genial (esto gracias a mí, ejem…), pero en el tema de conducir no terminamos de congeniar—. No te lo tomes a mal pero es que me pones histérica con tanta indicación y tanto “gira aquí” y “acelera” y “no aceleres” y “frena, que te vas a estampar” y “casi nos dan” y “no me creo que hayas aprobado” y “quiero ver el carnet de conducir, que igual te lo has inventado” y me dan ganas de estrangularte —le explico antes de que se ofenda.

* * *

    ¡Hemos llegado a la puerta del teatro, bien!
    Y todo ha ido como la seda: un par de cientos de pitidos sin destinatario conocido, insultos lejanos y algún que otro ademán desagradable que me niego a aceptar que fuese dirigido a mí.
    Ahora sólo queda aparcar. Doy una segunda vuelta a la manzana y…
    —Tita Lili, ahí hay un sitio libre —dice Alicia, señalando un espacio de menos de un metro.
    —No, cariño, ahí no cabe  —le digo y sigo buscando.
    —Sí que cabe —dice Sofi—, y de sobra.
    —No cabe.
    —Caben dos —confirma Eli.
    —O tres, si uno es un Smart —añade Sofi.
    —¡No cabe y punto! —¡hombre ya!

* * *

    Tres vueltas más tarde, sudando como un pollo y con los nervios destrozados, acepto que ese minúsculo huequecillo es el único espacio disponible en los alrededores del teatro donde puedo soltar este trasto infernal con ruedas y olvidarme de su existencia. ¡Qué manía le estoy cogiendo a conducir, pero qué manía!
    —¿Ves como cabía? —dice Eli cuando inicio las maniobras de aparcamiento. Ella no lo sabe pero está corriendo un peligro mortal; más vale que se calle.
    —Ya te lo dije, tita.
    —Claro que cabía —asegura Sofi—. Y dos.
    —O tres, si uno es…
    —¡Silencioooooooooooooo! —chillo al borde del colapso. Me aparto el pelo de la cara y las miro fijamente, una a una, a las tres—: Calladitas —me llevo el dedo índice a los labios y les dirijo una ojeada de las que hacen surgir canas al instante y que te hacen merecedora de un respeto propio de Il Padrino.
    ¡Por amor de Dios, así no hay manera de concentrarse para meter este coche gigante y que encima crece por momentos en un espacio tan sumamente reducido!

* * *

    Llevo media hora de giros de volante y golpes a los coches que están aparcados delante y detrás y no puedo más: no le encuentro sentido a la vida. El mundo me parece un lugar inhóspito y ni tan siquiera pensar en una copita de chardonnay o en el 2.55 consigue sacarme de esta depresión en la que me estoy hundiendo por segundos. Ya lo he decidido: cuando dentro de veinte años consiga aparcar este amasijo de hierros y ruedas y porquerías varias me iré a las montañas en busca de mi yo interior. Y no me llevaré ni siquiera las planchas del pelo: sólo una mochila, un poco de agua y…
    —Lili.
    … tal vez alguna barrita de cereales para subsistir hasta que sea capaz de cultivar mi propio terreno. Buscaré un sitio alejado de…
    —Lili, guapa —la voz de JC me trae de vuelta a la realidad. Igual le digo que se venga conmigo: ya nos veo en el Himalaya, viviendo con los monjes, practicando yoga y con…—. Anda, baja del coche.
    Abre la puerta y me saca del asiento del conductor, lo que me sorprende: pensé que me había fundido con la tapicería y necesitaría una intervención quirúrgica para despegarme. Me quedo en la acera mientras él hace un par de maniobras perfectas y aparca el coche en el hueco que de pronto parece haberse estirado para dar cabida a…
    —Dos coches —comenta Eli. Vuelvo la cabeza y la veo a mi lado.
    —Tita Lili, conduces regular de mal. Menos mal que ha venido el tito.
    —Yo creo que cabrían tres, si uno de ellos fuera…
    Las miro y las ganas de gritarles no se me pasan, aunque las ganas de vivir comienzan a volver.
    JC sale del coche y me dirige una sonrisa.
    —Era un sitio muy pequeño —le digo.
    —Pequeñísimo, sí —contesta.
    —Pero cuando tú has llegado, se ha vuelto más grande —mi novio me dirige una mirada burlona.
    —Sí, suele pasar —me coge de la mano—. Vamos para adentro, que os estáis perdiendo una obra de lo más entretenida.
    ¡Oh, la performance! ¡Con tanto lío de… no-quiero-hablar-de-ello, se me había olvidado!
    —¿Mi madre está vestida? —le pregunto a JC con el corazón en un puño.
    Mi novio me observa sorprendido.
    —¿Que si está vestida? —repite. Muevo la cabeza afirmativamente. Uy, uy, uy, tarda mucho en contestarme…—. Claro que está vestida —responde; ¡¡¡yupi!!!—. Tu madre es Desesperanza y duda entre fugarse con un tipo griego o con un francés, o eso parece porque lo único que hace es estar en medio de los dos y mirarlos alternativamente. ¿Por qué iba a estar desnuda? —pregunta desconcertado.
    Mmm… ¡Yo qué sé!
    Pero la vida vuelve a ser maravillosa: el coche está pacíficamente estacionado, mi madre vestida y yo…
    Yo paso de la performance. ¡Lo que necesito es una copa de chardonnay!
    O dos.
    Incluso cabrían tres, si una de ellas va acompañada de un cuenco de pistachos :-)




martes, 12 de junio de 2012

Ya tengo la L :-)))


  ¡Madre mía, he aprobado el carnet de conducir!
        No, no me pidas detalles…, porque no los recuerdo. Seguí el consejo de una bloguera y me tomé un carajillo antes de sentarme detrás del volante y todo fue genial. Oh!, y también hice caso a mi madre y me tomé una infusión de hierbas de algo guay y… ¡Pues eso, que aprobé!
            Y también tuve en cuenta la opinión de mi hermana Sofi y me puse minifalda, sí… Y hay algo más que no recuerdo… Se me caló el coche dos veces, me salté un paso de cebra (sin querer; se lo expliqué al examinador, que fue de lo más comprensivo y estuvo de acuerdo conmigo en que si en vez de blancos los pintasen de rosa seguro que llamaban más la atención y nadie los obviaría) y…
¡Eh, no me pidió que aparcase, eso es! Justo cuando me dijo que fuese buscando un sitio para estacionar lo llamó su hija al móvil para decirle que había aprobado todas las asignaturas de tercero de derecho y el hombre se llevó tal alegría que entre llamadas a su mujer, a su madre, a su suegra y a su hijo (que por lo que pude intuir no había obtenido tan buenos resultados académicos) pasó por alto el asuntillo ese tan tonto del estacionamiento y fuimos directos al centro de exámenes.
Así que aquí estoy, con mi carnet de conducir, mi L en el cristal de atrás y mi coche (bueno, de JC, que es un sol y lo ha asegurado a todo riesgo) dispuesta a quemar el asfalto.
¡¡¡¡Yupi!!!!
PD.- Prometo que lo del carajillo y las hierbas no se volverá a repetir (aclaración especialmente dirijida a Tráfico, la Guardia Civil y a mi padre).


miércoles, 6 de junio de 2012

¡¡¡ Por fin !!! Y ésta es la definitiva :-)

    Lo he soñado, es obvio. Si me pongo razonable, creo que llevo soñando los últimos catorce años; nada de lo que me ha pasado tiene lógica. Y lo más sorprendente es este chico tan guapo que duerme a mi lado.
    Voy a darle un mini-pellizco a ver si se despierta y podemos aclararlo todo…
    Sí, sé lo que piensas: debería pellizcarme yo. Eso es lo que hace la gente en las pelis para ver si está dormida, pero créeme, estoy despierta. Y de un lógico que asusta; el insomnio me vuelve sorprendentemente racional.
   ¿Cómo? ¿Incoherente yo? ¿¿¿Por qué???
   Oh…
    ¿Por decir que igual estoy soñando? Ya, claro… Pero no puedes tomarte todo lo que escribo al pie de la letra; corres el riesgo de acabar tan pirad@ como yo.
   Y no nos desviemos del problema: tengo insomnio, una ligera-tirando-a-mediana paranoia porque mis libros no llegan y JC duerme plácidamente a mi lado.
     ¡Ups! Ya no… Ha dado un respingo y se ha levantado de un salto.
     ¿Qué hace?
      —¿A dónde vas?
      —A la ducha —contesta con los ojos cerrados y el pelo de punta.
     —No ha sonado la alarma aún; son sólo las tres —le digo en voz baja—. ¿Crees que los libros llegarán algún día?
     Mi novio abre un ojo y me mira con despiste.
     —¿Qué libros?
     —Los míos —el resto de libros del mundo me traen sin cuidado en este momento.
   Me contesta un ronquido. JC ha vuelto a acostarse y la pérdida de conocimiento ha sido inmediata.
    Joooooo…, que poca empatía con mis desvelos.
    No es lo que una espera cuando decide compartir el resto de su vida con otra persona: ¿dónde están las conversaciones a las tres de la madrugada?
    Un segundo después, JC se incorpora de nuevo.
    —Lili —se rasca el brazo—: ¿me has pellizcado?
    —¿Crees que mis libros llegarán algún día? —insisto. Mi pregunta es anterior a la suya y el orden es importantísimo en estos casos.
     —¿Qué libros?
     —¿Qué libros van a ser? —¡por Dios!—. ¡Los que llevo esperando dos semanas! —como se duerma de nuevo antes de contestarme vamos a tener un disgusto de los gordos.
   —Claro que sí, guapa. Seguro que llegan mañana —vuelve a acostarse y me abraza muy fuerte.
    Demasiado fuerte, diría yo; casi como si quisiera inmovilizarme los brazos…
    —¿Me has pellizcado? —pregunta somnoliento.
   —¿Yo? 
   Igual no me ha oído porque ha vuelto a dormirse. No pretenderás que lo despierte…  

        
    Mi novio es un visionario, porque los libros llegaron ayer, de modo que 
POR FIN HABEMUS PRESENTACION
¡¡¡¡¡  BIEN !!!!!

Os espero a todos el día 19 de junio (martes), a las 20:30 horas en la tabernilla Friends Tavern, en Pradillo 30 (Madrid)
Con Rebeca Rus :-))))))))))
¡Gracias por vuestros mensajillos de ánimo y por vuestros comentarios en la crisis sufrida por la falta de libros, sois los mejores! 


viernes, 1 de junio de 2012

¿Despiste?... No, esto es algo mucho más misterioso :-P

    Esta mañana me ha sucedido algo horrible: he llegado tarde al trabajo.
    No, no chasquees la lengua y digas para ti que siempre llego tarde porque no es cierto. Soy una persona extremadamente puntual; rozo la perfección en este aspecto. Sólo en contadas ocasiones, como cuando no tengo absolutamente nada que ponerme (no pretenderás que vaya desnuda a la agencia) o cuando el autobusero arranca con una sonrisa cruel y despiadada en los labios al verme llegar a la parada, me he retrasado unos minutos. Ocasiones que puedes contar con los dedos. Sí, quizás tengas que juntar los de las manos y de los pies, pero son dedos al fin y al cabo.
    Hoy el problema ha sido otro: todo ha comenzado con las llaves. Anoche llegué de trabajar y dejé las llaves de casa encima de la mesa. Esta mañana las llaves no estaban: así de sencillo y así de misterioso.
    Me he pasado media hora buscándolas por todo el piso hasta que al final las muy traidoras se han dejado ver dentro de mi bolso. ¿Qué hacían ahí? Ni idea; pregúntaselo a ellas, que han decidido ir por libre y tomar sus propias decisiones sin comunicármelas.
    Cuando he cerrado la puerta y estaba a punto de salir del portal me he percatado de otra ausencia vital: el móvil. He mirado en el bolso (no suelo tropezar dos veces con la misma piedra, aprendo rapidísimo) y he vuelto a entrar en casa, rozando la desesperación. Quince minutos de búsqueda infructuosa después he decidido llamarme a mí misma con el fijo y he elevado una plegaria a Amancio  Ortega (*) para que no lo tuviese silenciado.   
    —¿Sí? —contesta una voz que me suena familiar—. ¿Lili? ¿Estás bien?
    —¿Mamá? ¿Por qué tienes mi móvil? —hago memoria y confirmo que no la he visto desde el fin de semana. Es imposible que tenga mi teléfono; ¡si ayer hablé al menos cuatro veces con Sofi y cinco con Eli sobre su performance!
    —No cariño, estás llamando a mi móvil.
    —¿Llamas “mi móvil” a mi móvil? ¿Te lo ha dado JC? ¿Y por qué no me cuenta nadie nada? —esto es demasiado. Miro el reloj: media hora tarde.
    —Lili, estás llamando a mi móvil, a mi número de teléfono, no al tuyo. Cielo, esto es grave. Te voy a fijar una cita con mi maestro yogui para que…
    —Un beso, mamá —y le cuelgo.
    Vale, me he equivocado de número. No es grave, es un despiste tonto. Vuelvo a marcar en el fijo y espero que la cancioncilla de “gato apestoso” de Phoebe la de Friends suene en algún lugar de casa.
    —Hola, guapa —me saluda JC al otro lado de la línea.
    ¡Joooooooooo!
    —Un beso y feliz día —le digo con voz animada y corto la llamada. No, no le extrañará: vive conmigo desde hace mucho tiempo y cosas más raras ha visto.
    Mientras medito sobre el siguiente paso a dar, busco en el bolso el tarrito de cacao y…
    ¡Venga ya! ¿Qué hace el móvil aquí? ¡Si hace un rato había un vacío absoluto de aparatos de telefonía!      
     ¿Quién está jugando conmigo?
    ¿¿¿Y por qué???

                                                                    * * *

    Tras ocho horas de jornada laboral dedicadas a un exhaustivo examen de la situación, he dado con la solución perfecta: ¡necesito otra libreta!
    Y como soy una chica de acción, ya la tengo, en un precioso tono azul mar y con todos los apartados necesarios para mantener bajo control hasta el mínimo objeto de mi vida: llaves, móvil, horquillas, coleteros, botecito de cármex, monedero, tarjetero… Cualquier elemento que se te ocurra lo tengo localizado gracias a mi libreta las 24 horas del día.
    —¿Nos vamos? —me pregunta JC. Hemos quedado con su hermano y su marido para contarles todo el asunto de la performance de mi madre. ¡Están emocionadísimos y no piensan perdérsela por nada del mundo!
    —¡Sí, ya casi estoy! —le grito desde el dormitorio. ¿Dónde he puesto la puñetera libreta? ¡La necesito para encontrar todo lo demás!
    —Lili, guapa, que ya llegamos tarde —insiste mi novio.
    Así no me ayuda…    Necesito calma para hacer memoria: he llegado a casa del trabajo y he ido dejando las cosas en…, no recuerdo dónde. ¿Para qué iba a hacerlo, si estaba apuntándolo todo en la libreta?
    Y luego he cogido la libreta y…
    Nada…, mi mente se ha quedado en blanco.
    —Guapa, si vas a tardar mucho llamo a mi hermano y le digo que…
    —No, si ya estoy —le interrumpo—. Sólo necesito la libreta para encontrar el móvil y las llaves y el cármex y esas cosas —y sigo dando vueltas por el dormitorio.
    —¿Quizás la hayas metido en el bolso?
    ¡Ja, el listo! ¿Y para qué iba a meter la libreta en el bolso, eh?
    —¡Sí, está aquí! —exclama triunfal desde el salón—. Y también esta el móvil, las llaves, la cosa esa que te echas en los labios y que pica, el boli y…, ¿qué es esto? ¿Típex? —mmmmm…., odio hacer tachones en las hojas… —. Listo, vámonos.
    Voy al salón y miro el bolso; parece inofensivo pero un escalofrío me recorre la espalda. ¿Por qué todo va a parar a su interior? ¿Será como la tele de Poltergeist?
    No, ni se te ocurra pensar que soy yo quien pone lo que pilla ahí, que no estoy tan mal; mi despiste entra dentro de lo normal, como todo en mí.
   Da igual porque he dado con la solución: ¡necesito otra libreta para apuntar dónde dejo la primera!
  ¿Con un GPS, quizás?


    (*) El sí que sabe hacer realidad los sueños de una chica. Estimado Amancio, ¿podrías plantearte para tu próxima colección un 2.55 en tono burdeos? Con las “C” entrelazadas, y a poder ser, auténtico.
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